
consciencia
Más allá del momento presente.
Hay momentos en los que la vida puede resultar profundamente desalentadora. Tan desalentadora, de hecho, que la mente empieza a creer que es aquí donde nos quedaremos para siempre. El momento presente se siente tan pesado, tan limitante, que imaginar una realidad diferente se vuelve casi imposible. Nuestra capacidad de visualizar el futuro se nubla por lo que estamos experimentando en este momento.
12 de mayo de 2026·Luis Miguel Gallardo·5 min de lectura
AI insights
Hay momentos en los que la vida puede resultar profundamente desalentadora. Tan desalentadora, de hecho, que la mente empieza a creer que es aquí donde nos quedaremos para siempre. El momento presente se siente tan pesado, tan limitante, que imaginar una realidad diferente se vuelve casi imposible. Nuestra capacidad de visualizar el futuro se nubla por lo que estamos experimentando en este momento.
Sucede con el trabajo, con el dinero, con el amor, con la salud. Cuando proyectamos nuestro futuro desde la escasez del momento presente, la escasez suele ser lo que seguimos creando. Y para muchas personas, esta idea suena ilógica, incluso frustrante.
¿Cómo puede alguien imaginar abundancia mientras lucha financieramente? ¿Cómo puede alguien creer en el amor mientras se siente abandonado? ¿Cómo puede alguien imaginar libertad mientras vive con dolor?
Y, sin embargo, ahí es precisamente donde comienza el cambio.
Llega un punto en el que nos damos cuenta de cuánto moldea nuestra experiencia nuestra atención. Aquello en lo que nos enfocamos crece. Y cuando nos consumen por completo las limitaciones del presente, inconscientemente dejamos de permitir que surjan espacios para nuevas posibilidades.
Mucha gente vive así sin darse cuenta. Dejan de soñar debido a sus circunstancias actuales. Dejan de imaginar porque el día de hoy se siente demasiado difícil. Posponen la esperanza hasta que la vida cambie primero.
“Pensaré en eso cuando las cosas mejoren”. “Cuando sane”. “Cuando tenga más dinero”. “Cuando me sienta amado de nuevo”.
Pero a veces esa misma mentalidad es lo que nos mantiene estancados.
Hay una trampa oculta en el momento presente.
Sí, hay un poder inmenso en el ahora. El momento presente es donde la vida sucede realmente. Es donde existe la conciencia, donde se toman las decisiones, donde comienza la sanación, donde respiramos, actuamos, amamos, creamos y transformamos. Si nunca estamos presentes, nos perdemos la vida por completo.
Pero el momento presente nunca tuvo la intención de convertirse en una prisión desde la cual definimos el resto de nuestro futuro.
El problema es que muchas veces confundimos nuestras circunstancias actuales con nuestra realidad permanente. Tomamos un estado emocional temporal, una situación financiera, un desamor, un fracaso o un momento de confusión y lo proyectamos inconscientemente hacia adelante como si fuera el destino.
Y poco a poco, la mente deja de crear posibilidades más allá de lo que ve actualmente.
Ahí es donde aparece la trampa.
Porque si bien la creación ocurre desde el momento presente, no debería estar limitada por las condiciones del momento presente. El ahora es importante porque es el espacio desde el cual elegimos nuestra energía, nuestro enfoque, nuestras acciones y nuestra dirección. Pero la creación también requiere visión. Imaginación. Posibilidad. Esperanza.
Si solo creamos a partir de lo que es visible hoy, permanecemos atrapados emocional y energéticamente dentro de nuestras circunstancias actuales.
Y cuando perdemos esa visión, a menudo caemos en bucles emocionales sin darnos cuenta.
Comienza a aparecer una extraña planicie emocional. No necesariamente un sufrimiento dramático, sino una falta de vitalidad. Una desconexión del gozo, de la inspiración, de la posibilidad. Todo se vuelve más pesado. Más pequeño. Con menos esperanza.
Recuerdo que, una vez, tras meses de un intenso dolor de cadera que me dificultaba incluso caminar, al salir de una sesión de acupuntura me di cuenta de repente: “Vaya... había olvidado lo que se sentía caminar sin dolor”.
Lo mismo ocurre emocionalmente.
A veces nos sumergimos tanto en el dolor emocional, la decepción, el victimismo o la desesperanza que olvidamos incluso cómo se siente la ligereza interior. Nos adaptamos a la tensión emocional. La normalizamos. Empezamos a vivir en modo de supervivencia sin siquiera notarlo.
Hasta que un día, algo en nuestro interior dice:
Basta.
No necesariamente basta del proceso en sí, sino basta de permanecer atrapado en el mismo ciclo emocional. Basta de:
- Permitir que nuestra paz dependa enteramente de circunstancias externas.
- Esperar amor, atención o reconocimiento para sentirnos mejor.
- Vivir emocionalmente agotados, reactivos, desconectados de nosotros mismos y proyectando esa frustración en las personas más cercanas.
Porque en algún punto en medio del dolor, olvidamos algo esencial:
- Tenemos herramientas.
- Tenemos agencia.
- Tenemos la capacidad de cambiar cómo nos movemos a través de nuestra realidad.
Podemos elegir
Y a menudo, el primer paso es simplemente detenerse lo suficiente para hacernos las preguntas que dejamos de hacer:
¿Quién quiero ser?
¿Qué es lo que realmente quiero?
¿Cómo me quiero sentir?
Porque en el momento en que dejamos de hacernos esas preguntas, olvidamos lentamente que todavía tenemos el poder de elegir de manera diferente.
A veces todo lo que se necesita es una decisión.
No del tipo de decisión que tomas una vez y olvidas.
Sino del tipo que eliges una y otra vez, momento tras momento, hasta que lentamente se convierte en tu forma de vivir.
La decisión de amarte a ti mismo.
De elegirte a ti mismo.
De permanecer abierto incluso después del dolor.
De ser feliz sin importar las circunstancias.
De ser paz en medio del caos.
De ser amor, incluso cuando el miedo sería más fácil.
Porque en quién te conviertes no se construye en un solo momento de inspiración, sino en la repetición silenciosa de quién eliges ser.
No es suerte.
Es elección.
La práctica sagrada de elegir, cada día, quién quieres ser.
Y quizás esta sea tu invitación para hacer una pausa y mirar honestamente tu propia vida.
¿Dónde te has identificado tanto con tus circunstancias actuales que dejaste de imaginar algo diferente?
¿Dónde has confundido el momento presente con tu destino?
Tal vez sea en el amor.Tal vez en tu salud.Tal vez en tus finanzas, tu trabajo, tu propósito, tu alegría.
¿Dónde has decidido inconscientemente: “Así son las cosas ahora”?
Porque así es como la gente va perdiendo su poder. No en un momento dramático, sino en pequeñas renuncias diarias. En sueños detenidos. En futuros que ya no se imaginan.
Toma esto como una llamada de atención.
Tu realidad actual no es tu realidad final.Tu estado emocional de hoy no es tu identidad.Tu dolor no es tu destino.
Y no importa cuán estancadas se sientan las cosas en este momento, siempre hay otra posibilidad disponible en el momento en que estés dispuesto a elegir de manera diferente.
Así que haz una pausa por un momento.
Pregúntate honestamente:
¿En quién me estoy convirtiendo si sigo viviendo desde esta energía?
¿Qué tipo de futuro estoy creando a partir de los pensamientos que repito cada día?Y lo más importante…¿En quién quiero convertirme realmente?
No algún día. Ahora.
Porque la vida cambia en el momento en que dejas de esperar a que las circunstancias cambien primero.
Y tal vez hoy no sea el día en que todo se transforme.Tal vez hoy sea simplemente el día en que decides dejar de alimentar a la versión de ti que ha olvidado su poder.
A veces ahí es donde comienza todo.
Entonces, ¿qué elegirás?
¿Y en quién elegirás convertirte?
Con amor,Pau Nava VillazónDirectora de Estrategia Global World Happiness Foundation Soul·Full Living
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