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Nuestros hábitos importan más de lo que pensamos.

Por Skye McKenzie “Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito”. Esta perspicacia eterna de Aristóteles nos recuerda que nuestras acciones diarias moldean la calidad de nuestras vidas. Mucho antes de que la ciencia moderna comprendiera el poder de nuestros hábitos, Buddha habló de las “energías del hábito”: patrones formados al principio de la vida que guían silenciosamente nuestros pensamientos, comportamientos y, en última instancia, nuestro futuro.

23 de mayo de 2026·Skye McKenzie·3 min de lectura

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Por Skye McKenzie

“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto, sino un hábito”. Esta perspicacia eterna de Aristóteles nos recuerda que nuestras acciones diarias moldean la calidad de nuestras vidas. Mucho antes de que la ciencia moderna comprendiera el poder de nuestros hábitos, Buddha habló de las “energías del hábito”: patrones formados al principio de la vida que guían silenciosamente nuestros pensamientos, comportamientos y, en última instancia, nuestro futuro.

Thich Nhat Hanh ilustró esto bellamente a través de una historia. Un hombre cabalga un caballo a toda velocidad y alguien le grita: “¿A dónde vas?”. “No lo sé”, respondió. “¡Pregúntale al caballo!”. En muchos sentidos, vivimos como ese jinete: corriendo por la vida, guiados inconscientemente por hábitos arraigados en lugar de elecciones intencionales.

Pero, ¿y si pudiéramos entrenar al caballo: nuestros hábitos y nuestros impulsos? ¿Y si nuestros hábitos nos llevaran consistentemente hacia un mayor bienestar, plenitud y felicidad?

La felicidad no es algo reservado para unos pocos. Tampoco depende de circunstancias perfectas. Es una habilidad, una que puede aprenderse, practicarse y fortalecerse con el tiempo, de forma muy parecida a aprender a pintar o practicar un deporte. La neurociencia confirma ahora lo que la sabiduría antigua ha sugerido durante mucho tiempo: podemos entrenar nuestros cerebros para adoptar nuevas vías más saludables.

La World Health Organization predice que para 2030, la depresión será la principal causa de la carga mundial de salud. Si bien el acceso al apoyo en salud mental es crucial, también debemos abordar un problema más profundo: a muchas personas simplemente no se las ha enseñado cómo cultivar activamente su propia felicidad.

La investigación científica muestra que cada uno de nosotros tiene un “punto de ajuste de la felicidad”, similar a un termostato. Solo el 10% de nuestro punto de ajuste de felicidad está modelado por nuestras circunstancias, las mismas cosas que a menudo perseguimos con la creencia de que “seré feliz cuando…” Seré feliz cuando consiga ese nuevo trabajo, esa nueva casa o esa relación. El 40% de nuestro punto de ajuste de felicidad está determinado por nuestros hábitos, y cuando cambiamos nuestros hábitos, empezamos a cambiar nuestras experiencias de vida. Eso significa que el 50% de nuestra felicidad está bajo nuestro control. El 50% de nuestro punto de ajuste de felicidad está influenciado por la genética y, a través del estudio de la epigenética, entendemos que nuestras experiencias afectan la expresión de nuestros genes. Esta es la importancia de cultivar hábitos de felicidad.

Uno de los hábitos más transformadores es pasar de un pensamiento centrado en los problemas a uno centrado en las soluciones. Es fácil caer en ciclos de culpa y queja, pero esto nos mantiene estancados. En cambio, cuando podemos elegir asumir la responsabilidad —no de todo lo que nos sucede, sino de cómo respondemos—, nuestra visión de la vida cambia drásticamente.

Como afirma la frase en latín “Solvitur Ambulando”, “se resuelve caminando”. En otras palabras, las soluciones surgen a través de la acción. 

En última instancia, los hábitos de felicidad no consisten en negar los desafíos de la vida. Se trata de equiparnos con las herramientas para navegarlos de manera más efectiva. Al elegir conscientemente nuestros hábitos, recuperamos las riendas del “caballo” y comenzamos a dirigir nuestras vidas con intención.

Quizás esta sea la verdad más empoderadora de todas: la felicidad no es algo que encontramos, es algo que practicamos, un hábito a la vez.

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