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Respuesta de la World Happiness Foundation a “Un Llamado a la Paz: El Fin de las Guerras y el Respeto al Derecho Internacional”

Por Luis Miguel Gallardo – Fundador y Presidente de la World Happiness Foundation Introducción y Contexto La World Happiness Foundation encomia calurosamente al Alto Comisionado para la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas, al Secretario General de Religiones por la Paz y al Presidente de la

8 de mayo de 2025·Luis Miguel Gallardo·46 min de lectura

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Por Luis Miguel Gallardo – Fundador & Presidente de la World Happiness Foundation

Introducción y Contexto

La World Happiness Foundation encomia calurosamente al Alto Representante para la Alianza de Civilizaciones de las Naciones Unidas, al Secretario General de Religiones por la Paz y al Presidente de la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU (SDSN) por su Declaración conjunta de 2024 “Un Llamado a la Paz: El Fin de las Guerras y el Respeto al Derecho Internacional”. Este llamamiento global, lanzado en medio de conflictos generalizados y una “creciente cultura de militarización”, subraya que la humanidad debe avanzar hacia la paz a través del diálogo, la justicia y el estado de derecho. Reconoce que las guerras actuales en todos los continentes son “solubles mediante el diálogo” y la seguridad colectiva, y que la pobreza y la opresión alimentan los conflictos. La World Happiness Foundation respalda plenamente estos principios y considera que la paz es inseparable de la felicidad y el bienestar humanos. En alineación con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (especialmente el ODS 16: Paz, Justicia e Instituciones Sólidas), creemos que un mundo pacífico es la base para la felicidad social, el desarrollo sostenible y el florecimiento humano.

Basándose en los Diez Principios para la Paz de la SDSN, la UNAOC y Religiones por la Paz, la World Happiness Foundation ofrece un conjunto ampliado de recomendaciones formales para abordar brechas urgentes y fortalecer el compromiso global con la paz. Estas recomendaciones enfatizan: (1) la necesidad urgente de un desarme global completo y la desmilitarización más allá de las armas nucleares; (2) una renuncia universal a la violencia como medio de resolución de conflictos, reemplazada por el diálogo y la justicia restaurativa; (3) la renovación democrática de las Naciones Unidas para representar a toda la humanidad e incluso al mundo “más que humano” de la naturaleza; (4) la integración de currículos de Paz y Felicidad a nivel mundial para cultivar la paz interior, la compasión y la empatía; y (5) brechas clave en la declaración de la SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz que deben abordarse para lograr un mundo verdaderamente pacífico en 2025. Estas recomendaciones de políticas se presentan en un formato estructurado y diplomático, coherente con el discurso del desarrollo internacional y el espíritu de la Carta de las Naciones Unidas.

1. Desarme Global Completo y Desmilitarización

Es imperativa una acción urgente para el desarme integral. La declaración de la SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz llama acertadamente a apoyar la prohibición de las armas nucleares y a canalizar los recortes en el gasto militar hacia el desarrollo sostenible. La World Happiness Foundation refuerza esto firmemente instando al “desarme general y completo”: la eliminación de todas las formas de militarización y tráfico de armas en todo el mundo, mucho más allá de los arsenales nucleares. Hoy en día, la humanidad se enfrenta a la paradoja de estar “sobrearmada, y la paz infrainvertida”, como advirtió el ex Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon. El gasto militar mundial ha alcanzado máximos históricos, desviando recursos preciosos de las necesidades humanas: por ejemplo, el gasto militar mundial aumentó a 2,72 billones de dólares en 2024, el incremento más pronunciado desde la Guerra Fría. Esta creciente inversión en armas se produce a expensas directas de la educación, la atención sanitaria y el desarrollo sostenible. Debemos establecer bien nuestras prioridades y, como dijo Ban Ki-moon, “dejar de gastar miles de millones en armas en lugar de en las personas”.

El desarme más allá de las armas nucleares significa reducir agresivamente y, finalmente, abolir las armas convencionales y el comercio mundial de armas. Hay más de mil millones de armas pequeñas y ligeras circulando por todo el mundo, herramientas de violencia que alimentan guerras civiles, crimen y terrorismo. Los flujos ilícitos de estas armas causan estragos en las comunidades y violan el objetivo de la ONU de reducir significativamente la proliferación de armas (según el ODS 16.4). Hacemos un llamado para fortalecer y ampliar el Tratado sobre el Comercio de Armas para cubrir todas las categorías de armas y asegurar que ninguna nación o actor no estatal pueda canalizar armas hacia zonas de conflicto con impunidad. Todas las armas de destrucción masiva —nucleares, químicas y biológicas— deben seguir estando estrictamente prohibidas, y avances recientes como el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares deben ser adoptados e implementados universalmente.

La militarización en su conjunto debe ser revertida. Esto incluye reducir drásticamente las fuerzas armadas, cerrar bases militares extranjeras que provocan tensiones y terminar con las economías políticas dependientes de la fabricación de armas. La World Happiness Foundation se hace eco de la visión del Papa Pablo VI (citada por SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz) de desviar los gastos militares hacia un fondo global para las necesidades humanas. Cada dólar no gastado en un tanque o misil puede proporcionar agua limpia, escuelas y atención médica: verdadera seguridad para los ciudadanos. De hecho, la evidencia de las naciones pacíficas muestra que la desmilitarización produce dividendos para el desarrollo y la felicidad. Por ejemplo, Costa Rica, que abolió su ejército en 1949, ha demostrado durante décadas que una nación puede vivir segura sin militares. Los recursos ahorrados fueron invertidos en educación, salud y desarrollo social, resultando en una sociedad más próspera, igualitaria y estable. Esta “democracia desarmada” sirve como modelo para el mundo, demostrando que el desarme voluntario es posible y propicio para el bienestar humano.

Acciones Recomendadas – Desarme Global:

  • Negociar un Tratado de Desarme Global Vinculante: La Asamblea General de la ONU debería convocar una sesión especial sobre desarme para trazar una hoja de ruta para el desarme general y completo bajo un control internacional estricto, objetivo que respaldó por primera vez en 1959. Esto establecería plazos para eliminar los arsenales nucleares, desmantelar las reservas de armas químicas/biológicas y reducir progresivamente las armas convencionales a los niveles mínimos requeridos solo para la defensa legítima y el mantenimiento de la paz.
  • Eliminar el Comercio de Armas: Establecer una prohibición universal ejecutable sobre la exportación, importación y venta de armas para la guerra. Fortalecer el Tratado sobre el Comercio de Armas con una verificación y rendición de cuentas sólidas, y ampliar su alcance para incluir controles más estrictos sobre armas pequeñas y ligeras (que causan la gran mayoría de las bajas en conflictos). Los principales estados productores de armas deben liderar con el ejemplo cerrando el oleoducto global de armas, de la misma manera que los tratados internacionales han restringido las minas terrestres y las municiones de racimo.
  • Redirigir los Gastos Militares a la Paz: Comprometer a todas las naciones a reducciones anuales en sus presupuestos militares, reasignando esos fondos a un dividendo de paz global. En línea con el principio de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz, establecer un Fondo de Paz para el Desarrollo Sostenible administrado por la ONU donde se agrupen los ahorros de las reducciones de armas para combatir la pobreza, el cambio climático y las pandemias. Recortar incluso una fracción de los 2,7 billones de dólares gastados en ejércitos liberaría recursos enormes para los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
  • Promover Modelos de Seguridad Desmilitarizados: Fomentar acuerdos regionales de desmilitarización (por ejemplo, zonas libres de armas nucleares, límites al despliegue de armas pesadas) y apoyar a los países que elijan reducir o abolir sus ejércitos permanentes. Los incentivos internacionales (alivio de la deuda, ayuda al desarrollo, reconocimiento) deberían recompensar los esfuerzos de desmilitarización. Naciones pacíficas como Costa Rica proporcionan un plan para resolver amenazas a través del derecho internacional y la diplomacia en lugar de la fuerza. Su experiencia debe ser estudiada y compartida como una mejor práctica en la construcción de seguridad sin ejércitos.
  • Abordar Nuevas Formas de Armamento: Ampliar las discusiones sobre desarme a amenazas emergentes como las armas letales autónomas (“robots asesinos”), las ciberarmas y las armas espaciales. Un marco de desarme completo debe anticipar futuras carreras armamentistas, por ejemplo, prohibiendo los sistemas de armas autónomos que carecen de control humano, para prevenir una nueva y desestabilizadora frontera de violencia.

Al adoptar un desarme integral, la comunidad internacional eliminaría el combustible de la guerra. El desarme no es un sueño utópico sino una necesidad práctica: como destaca el llamado de la SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz, la humanidad se encuentra a “89 segundos de la medianoche” en el Reloj del Juicio Final debido a la existencia continua de armas nucleares. Debemos retroceder ante ese abismo eliminando todos los instrumentos de violencia masiva. Al hacerlo, escuchamos la sabiduría de que “el mundo está sobrearmado y la paz está infrainvertida”, y comenzamos a corregir ese desequilibrio en favor de la vida, el desarrollo y la felicidad.

2. Consagrar la No Violencia en la Resolución de Conflictos

La paz no se puede lograr por medios violentos. La World Happiness Foundation se une a la SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz al afirmar que nunca hay una excusa válida para recurrir a la guerra o la violencia; los conflictos deben resolverse a través del diálogo, la diplomacia y la justicia. Para verdaderamente “acabar con el flagelo de la guerra”, la comunidad internacional debe establecer una norma inequívoca: una prohibición universal y total del uso de la violencia para resolver conflictos. En esencia, la guerra misma debería verse como una institución ilegal y obsoleta. Este principio surge naturalmente de la Carta de la ONU, que ya prohíbe “la amenaza o el uso de la fuerza contra la integridad territorial o la independencia política de cualquier estado”. Es hora de fortalecer esta norma, cerrando lagunas y asegurando que la no violencia sea el estándar inviolable tanto en disputas internas como internacionales.

Promover el diálogo y la diplomacia preventiva: Todos los conflictos, ya sea entre naciones o dentro de ellas, deben abordarse con la mentalidad de que “las guerras no terminan en el campo de batalla, pero las vidas preciosas sí. Las guerras terminan en la mesa de negociaciones”. Instamos a los estados a comprometerse a nunca abandonar los esfuerzos diplomáticos, incluso en medio de una crisis. Como señala la declaración de la SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz, nunca es demasiado pronto ni demasiado tarde para negociar. Para poner esto en práctica, deben ampliarse las capacidades de mediación y prevención de conflictos de la ONU. Un sistema sólido de equipos internacionales de mediación y enviados de paz (potencialmente bajo una Comisión de Resolución de Conflictos y Paz de la ONU renovada) debería estar en alerta para intervenir en cualquier disputa emergente. Las plataformas de diálogo deben institucionalizarse a nivel regional y global, reuniendo a los adversarios antes de que las disputas se endurezcan. El hábito del diálogo puede cultivarse a través de conferencias de paz regulares, diplomacia de “vía II” involucrando a la sociedad civil y canales de comunicación secundarios, todo con el apoyo de la ONU para facilitar compromisos.

Prohibir la violencia como política, nacional e internacionalmente: La World Happiness Foundation recomienda que las naciones adopten, quizá mediante una nueva resolución de la Asamblea General de la ONU o un tratado internacional, un compromiso de no violencia en la resolución de conflictos. Esto reflejaría a escala global lo que algunas constituciones han hecho a nivel nacional. (Por ejemplo, la constitución de Japón renuncia a la guerra como derecho soberano, y la de Costa Rica prohíbe un ejército permanente). Un compromiso global obligaría a los estados a renunciar a la agresión, la guerra de represalia y el uso de la fuerza armada, excepto en el caso estrechamente definido de seguridad colectiva sancionada por la ONU o defensa propia legítima contra un ataque armado según la Carta de la ONU. Incluso las operaciones de seguridad y aplicación de la ley internas deben enfatizar el uso mínimo de la fuerza y la protección de los derechos humanos. Las respuestas militarizadas a problemas sociales o políticos solo engendran más odio y sufrimiento; en su lugar, las herramientas no violentas deben ser la opción por defecto. Esta norma puede apoyarse fortaleciendo el derecho internacional: por ejemplo, reforzando la rendición de cuentas por hacer la guerra al reconocer la agresión no provocada como el crimen internacional supremo. La jurisdicción de la Corte Penal Internacional sobre el crimen de agresión es un paso en esta dirección; todos los líderes que inicien guerras de agresión o violencia atroz deben saber que enfrentan una responsabilidad personal ante la justicia internacional.

Justicia restaurativa y reconciliación: En muchos conflictos, los agravios profundos y el trauma impulsan el ciclo de la violencia. La World Happiness Foundation aboga por el uso generalizado de enfoques de justicia restaurativa como alternativas a las “soluciones” punitivas o violentas. En lugar de responder a la violencia con más violencia, las sociedades deben responder con una justicia que sana. Esto significa priorizar la búsqueda de la verdad, el perdón, las reparaciones y la restauración de las relaciones. El mundo ha visto ejemplos poderosos de justicia restaurativa en acción: la Comisión de la Verdad y la Reconciliación (TRC) de Sudáfrica, por ejemplo, ofreció un modelo para abordar graves abusos a los derechos humanos a través de la verdad pública y la amnistía condicionada a la confesión. Este proceso, aunque no exento de críticas, ayudó a prevenir una espiral de retribución tras el apartheid y se le atribuye haber sentado las bases para una nación más pacífica y unificada. Comisiones de la verdad y procesos de reconciliación comunitaria similares en países como Ruanda, Sierra Leona y Colombia han permitido que las víctimas sean escuchadas y los agresores enmienden sus actos, fomentando la sanación en lugar de la venganza. Recomendamos que cualquier acuerdo de paz o estrategia post-conflicto incluya mecanismos como comisiones de la verdad, diálogos comunitarios y programas de justicia reparativa para abordar el daño causado. Estos mecanismos deben diseñarse localmente (recurriendo a prácticas culturales cuando sea apropiado) y aspirar a reintegrar a ex-combatientes y víctimas en una sociedad compartida. Al centrarse en la rendición de cuentas con amnistía (en casos de remordimiento genuino) y reparaciones en lugar de solo castigo, la justicia restaurativa rompe el ciclo por el cual las víctimas de hoy se convierten en los perpetradores de mañana.

Cultura de no violencia y comunicación: Para desterrar la violencia como medio de resolución de problemas, también debemos cambiar las mentalidades y habilidades a nivel individual y comunitario. La World Happiness Foundation destaca la importancia de la comunicación no violenta (CNV) y las habilidades de resolución de conflictos como una competencia social central. Los gobiernos y la sociedad civil deben invertir en programas de capacitación para la facilitación del diálogo, la mediación y la CNV, desde mediadores comunitarios de base que puedan aliviar tensiones locales, hasta diplomáticos formados extensamente en empatía y escucha. El marco de la Cultura de Paz de la UNESCO ya llama a que la educación en tolerancia, solidaridad y diálogo reemplace a las culturas de guerra. Instamos a la implementación total del Programa de Acción sobre una Cultura de Paz de la ONU (1999), que describe cómo los medios, la educación y el compromiso ciudadano pueden cultivar normas no violentas. Las técnicas de comunicación no violenta, desarrolladas por expertos como Marshall Rosenberg, han demostrado ser eficaces para desescalar conflictos interpersonales e intergrupales al reformular cómo las partes expresan sus quejas y reconocen las necesidades del otro. Introducir dicha formación en escuelas, lugares de trabajo e instituciones gubernamentales de todo el mundo dotaría a las personas de herramientas pacíficas para manejar disputas sin ira ni agresión.

Acciones Recomendadas – Resolución de Conflictos No Violenta:

  • Adoptar una Declaración Internacional de No Violencia: La Asamblea General de la ONU, con el apoyo de todos los estados miembros, debería aprobar una resolución histórica (o incluso iniciar un tratado) declarando que la violencia no se utilizará para resolver ningún conflicto, ya sea entre o dentro de los estados. Esta declaración reforzaría el derecho internacional existente, comprometería a los estados a la resolución pacífica de disputas y serviría como un faro moral (muy parecido al Pacto Kellogg-Briand de 1928 que renunciaba a la guerra, pero actualizado y fortalecido para el siglo XXI).
  • Fortalecer los Mecanismos de Disputa Pacíficos: Ampliar el mandato y los recursos de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y los organismos arbitrales para que los estados en conflicto se vean alentados a someter sus disputas a la adjudicación legal o arbitraje en lugar de recurrir a la fuerza. Hacer que la jurisdicción de la CIJ sea obligatoria para todos los miembros de la ONU (con excepciones limitadas) podría ser un paso transformador. Además, empoderar a organizaciones regionales (Unión Africana, UE, ASEAN, etc.) para mediar en disputas locales, y vincularlas con las buenas oficinas de la ONU.
  • Invertir en Mediación y Alerta Temprana: Establecer un Cuerpo de Mediación de la ONU permanente: un cuadro profesional de mediadores y expertos en resolución de conflictos que puedan desplegarse rápidamente ante crisis emergentes. Combinar esto con sistemas de alerta temprana mejorados (usando datos e información local para detectar signos de aumento de tensiones) para que la acción diplomática se tome antes de que estalle la violencia. Cuanto más temprana sea la participación en el diálogo, mejores serán las posibilidades de evitar la violencia.
  • Implementar la Justicia Restaurativa en los Procesos de Paz: La ONU, junto con los organismos regionales, debe hacer de la justicia restaurativa un pilar de la resolución de conflictos. Esto incluye la creación de Comisiones de la Verdad y la Reconciliación o cuerpos similares tras los conflictos para sanar las heridas (basándose en modelos exitosos en Sudáfrica, Ruanda y Colombia). También significa incorporar prácticas de justicia tradicionales y comunitarias que enfaticen la sanación. Los donantes y agencias internacionales deben financiar la formación en prácticas restaurativas para los constructores de paz locales.
  • Campaña Global de Educación para la No Violencia: Lanzar una iniciativa mundial de “Educación para la No Violencia” (en sinergia con las recomendaciones educativas a continuación). Esto declararía una Década de la Educación para la No Violencia, por ejemplo, durante la cual las escuelas, los medios de comunicación y las instituciones religiosas reciban orientación y recursos para promover mensajes de paz, rechazar la glorificación de la violencia y enseñar habilidades prácticas de resolución de conflictos. Apoyar el intercambio de mejores prácticas en prevención de la violencia (como los programas comunitarios de interrupción de la violencia que han reducido los conflictos de pandillas sin fuerza policial).
  • Conmemorar y Comprometerse: Aprovechar las celebraciones internacionales como el Día Internacional de la No Violencia (2 de octubre) —el cumpleaños de Mahatma Gandhi— para asegurar compromisos anuales de los líderes para reducir la violencia. Los gobiernos podrían informar sobre las medidas tomadas para reducir incidentes armados, violencia policial y crímenes de odio. La sociedad civil y los líderes religiosos pueden unirse en estos días para rechazar públicamente la violencia en todas sus formas, reforzando una norma global de que las disputas deben resolverse con palabras, no con armas.

Al hacer del uso de la fuerza un tabú global, la humanidad puede avanzar hacia un futuro donde la guerra sea tan impensable como lo son hoy la esclavitud o la conquista colonial. Este cambio monumental requiere no solo medidas legales desde arriba, sino también una transformación desde abajo de los corazones y las mentes: una verdadera cultura de paz y no violencia que impregne todos los niveles de la sociedad. La World Happiness Foundation cree que tal mundo no violento es necesario y posible. De hecho, como afirmó la declaración de la SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz, “la humanidad puede elevarse por encima de la violencia atávica” y abrazar el diálogo y la diplomacia como las únicas rutas hacia una paz duradera. Debemos aprovechar esa visión esperanzadora y hacerla realidad.

3. Renovación Democrática de las Naciones Unidas para toda la Humanidad y la Naturaleza

Para lograr una paz duradera, las instituciones de gobernanza global deben encarnar los principios de justicia, inclusividad y respeto por toda la vida. Las Naciones Unidas —fundadas “para preservar a las generaciones venideras del flagelo de la guerra”— siguen siendo el principal escenario mundial para la paz y el derecho internacional. Sin embargo, la ONU actual, aunque indispensable, enfrenta una crisis de legitimidad y eficacia. Fue construida sobre un paradigma estatocéntrico de mediados del siglo XX que ya no representa plenamente la diversidad del mundo del siglo XXI. La World Happiness Foundation pide una audaz renovación democrática de las Naciones Unidas, transformándola en una institución verdaderamente representativa de toda la humanidad, e incluso dando voz al mundo “más que humano” de la naturaleza y los ecosistemas de los que también depende nuestra seguridad colectiva.

Hacer que la ONU sea genuinamente democrática y representativa: Respaldamos y ampliamos el llamamiento de la declaración de la SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz para reformar el Consejo de Seguridad de la ONU para una mayor representatividad. La estructura actual, especialmente el poder de veto que ostentan cinco miembros permanentes, refleja más la política de poder posterior a 1945 que las realidades demográficas o geopolíticas actuales. África —un continente de 1.300 millones de personas— no tiene ningún asiento permanente; América Latina y el sur de Asia están igualmente infrarrepresentados en la membresía permanente. Este desequilibrio socava la credibilidad del Consejo. La reforma del Consejo de Seguridad debería priorizar la adición de asientos permanentes y no permanentes para regiones infrarrepresentadas (con África como prioridad absoluta). Además, se deben adoptar mecanismos para limitar o anular el veto en casos de atrocidades masivas o violaciones flagrantes de la paz (por ejemplo, una anulación del veto por una mayoría calificada de la Asamblea General o de los miembros del Consejo de Seguridad). Estos pasos alinearían al Consejo más estrechamente con el mundo multipolar y populoso de hoy, asegurando que ninguna voz regional por la paz sea silenciada.

Más allá del Consejo de Seguridad, debemos democratizar el sistema de la ONU en su conjunto para reflejar a “Nosotros los Pueblos de las Naciones Unidas” —las palabras de apertura de la Carta de la ONU— no solo a los gobiernos. La World Happiness Foundation apoya la creación de una Asamblea Parlamentaria de las Naciones Unidas (APNU) como un nuevo órgano que represente directamente a los ciudadanos del mundo. En el espíritu de las propuestas de la sociedad civil global y los académicos (y como sugiere la SDSN), una APNU podría establecerse bajo el Artículo 22 de la Carta de la ONU como un órgano subsidiario de la Asamblea General. Los delegados a una Asamblea Parlamentaria de la ONU podrían provenir de los parlamentos nacionales o incluso ser elegidos directamente en el futuro, otorgando a la gente común una voz más fuerte en la toma de decisiones globales. Esto sería una innovación trascendental en la gobernanza global, inyectando legitimidad democrática y rendición de cuentas. Como han señalado el profesor Jeffrey Sachs (presidente de la SDSN) y otros, integrar la representación de “Nosotros los Pueblos” en la ONU a través de una asamblea parlamentaria ayudaría a que la institución sea más receptiva a la opinión pública mundial y al bien común.

Empoderar a la Asamblea General de la ONU y al multilateralismo inclusivo: Paralelamente, la Asamblea General de la ONU —donde cada nación, grande o pequeña, tiene el mismo voto— debe revitalizarse como un “parlamento de la humanidad”. La declaración de la SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz califica acertadamente una “Asamblea General de la ONU vibrante” como clave para un multilateralismo justo. Recomendamos ampliar el papel de la AG en las decisiones globales de paz y seguridad cuando el Consejo de Seguridad esté bloqueado. Por ejemplo, el mecanismo Unión pro Paz (resolución 377(V) de la AG), que permite que la AG actúe cuando el Consejo falla, debería invocarse con más frecuencia y quizás institucionalizarse para casos de genocidio o actos de agresión. Las innovaciones en el procedimiento de la AG —como el voto ponderado, la creación de coaliciones o debates temáticos que incluyan voces de la sociedad civil— pueden hacerla más efectiva. La World Happiness Foundation también apoya el fortalecimiento de la Corte Internacional de Justicia y la Corte Penal Internacional, dándoles mayor respaldo de la AG para asegurar que el derecho internacional (incluyendo las leyes que protegen la paz) se respete y que los crímenes de guerra o las guerras ilegales sean procesados. Un sistema de la ONU más robusto en justicia y rendición de cuentas refuerza un mundo donde el imperio de la ley triunfe sobre el imperio de la fuerza.

Incluir al mundo “más que humano”: la naturaleza y las generaciones futuras: Una ONU verdaderamente orientada al futuro debe expandir su círculo de preocupación más allá de la generación actual de estados-nación. La seguridad y el bienestar de las generaciones futuras, y de los ecosistemas y otras especies del planeta (“la madre tierra”), merecen representación en la mesa. Por ello, la World Happiness Foundation propone el establecimiento de nuevos mecanismos representativos para el mundo más que humano. Específicamente, respaldamos ideas como la creación de un Consejo de la ONU para las Generaciones Futuras y la Naturaleza. Esto podría lograrse reutilizando o ampliando los organismos existentes; por ejemplo, transformando el inactivo Consejo de Administración Fiduciaria en un “Consejo de Tutoría” para el medio ambiente y la posteridad. Alternativamente, la Asamblea General podría crear órganos subsidiarios centrados en estos grupos. De hecho, destacados pensadores han sugerido exactamente esto: una propuesta reciente pide un “Consejo de la Juventud y las Generaciones Futuras” para dar voz a los jóvenes y a las generaciones no nacidas, y un “Consejo sobre el Antropoceno” para elevar la gobernanza ambiental en la ONU. Estos consejos asegurarían que las decisiones consideren los impactos a largo plazo en el clima de la tierra, la biodiversidad y los derechos de los que aún no han nacido. Institucionalizarían el concepto de justicia intergeneracional y custodia ecológica al más alto nivel. Por ejemplo, un Consejo sobre el Antropoceno podría supervisar el cumplimiento de los acuerdos climáticos y de biodiversidad y abogar por el valor intrínseco de la naturaleza en las deliberaciones de seguridad.

Además, respetar el mundo “más que humano” también significa reconocer los derechos de la naturaleza. Varios países y comunidades han comenzado a reconocer legalmente a ríos, bosques y especies silvestres como titulares de derechos, admitiendo que la ley humana debe proteger los ecosistemas que sostienen la vida. La ONU podría fomentar este movimiento a nivel mundial, quizás a través de una Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra, complementando la Declaración Universal de Derechos Humanos. Dar voz a la naturaleza podría implicar acreditar a pueblos indígenas y científicos ambientales como representantes o “guardianes” de los ecosistemas en los foros pertinentes de la ONU. Las comunidades indígenas, en particular, han sido custodios de la tierra durante mucho tiempo y pueden articular los intereses de la naturaleza. Una ONU democratizada incorporaría formalmente tales voces, alineando las políticas globales con las realidades de vivir de forma sostenible en un planeta finito.

Otras innovaciones democráticas en la gobernanza global: Más allá de estas medidas, la World Happiness Foundation apoya la creación de foros adicionales para reflejar toda la diversidad de la humanidad en los niveles de cultura y gobernanza. Por ejemplo, un Consejo de Organizaciones Regionales (dando a organismos como la Unión Africana, la UE, la ASEAN, etc., un papel directo en las deliberaciones de la ONU) y un Consejo de la ONU de Ciudades o Gobiernos Locales (reconociendo el papel de las ciudades y estados/provincias en temas como el clima y la migración) podrían descentralizar y ampliar las aportaciones. Un Consejo de la ONU sobre Pueblos Indígenas podría asegurar que las naciones y comunidades indígenas (que suman más de 400 millones de personas en todo el mundo) tengan una voz permanente en los asuntos globales. Del mismo modo, un Consejo de Civilizaciones, Culturas y Religiones podría facilitar el diálogo a través de las divisiones culturales y promover los valores de la paz y el respeto mutuo. Estas ideas, que antes eran meros sueños, forman cada vez más parte de debates serios sobre la reforma de la ONU. La Cumbre del Futuro planeada por el Secretario General de la ONU es una oportunidad para avanzar en tales cambios transformadores, ya que busca que la ONU sea “adecuada para el propósito” de los desafíos actuales. La World Happiness Foundation se hace eco de la visión de que esta Cumbre debería ser un “punto de inflexión en la gobernanza global” que pase de las estructuras hegemónicas a un orden bajo la Carta de la ONU que represente verdaderamente la unidad global.

Acciones Recomendadas – Renovación Democrática de la ONU:

  • Poner en marcha un Proceso de Reforma de la ONU: El Secretario General de la ONU y los estados miembros dispuestos deberían convocar un proceso de reforma inclusivo (o utilizar la próxima Cumbre del Futuro) para redactar propuestas de enmiendas a la Carta de la ONU donde sea necesario para implementar cambios democráticos. Este proceso debe ser audaz y participativo, consultando a ciudadanos globales, académicos y a la sociedad civil. Puntos clave del programa: ampliación del Consejo de Seguridad, limitación del veto y creación de nuevos órganos (como una Asamblea Parlamentaria de la ONU y Consejos para la juventud, las ciudades, etc.).
  • Establecer una Asamblea Parlamentaria de las Naciones Unidas (APNU): Como primer paso que no requiere la enmienda de la Carta, la Asamblea General puede votar para crear una Asamblea Parlamentaria de la ONU mediante el voto de la mayoría (utilizando sus facultades del Artículo 22). Esta asamblea debería estar compuesta inicialmente por parlamentarios de todas las naciones (reflejando el tamaño de la población en su composición) y avanzar gradualmente hacia la elección directa. Sus funciones podrían ser consultivas al principio, pero con el tiempo puede ganar poderes consultivos o legislativos sobre cuestiones globales, convirtiéndose en la conciencia democrática de la ONU.
  • Empoderar nuevos “Consejos” para una Representación Inclusiva: Del mismo modo, la Asamblea General debe utilizar el Artículo 22 para crear el Consejo de Pueblos Indígenas, el Consejo de Juventud y Generaciones Futuras, el Consejo de Civilizaciones y el Consejo sobre el Antropoceno como órganos subsidiarios. Cada uno de ellos tendría una estructura que permitiría a actores no estatales (por ejemplo, representantes indígenas, delegados de la juventud, líderes religiosos y culturales, científicos) deliberar e interactuar con la AG y el Consejo de Seguridad. Esta inclusión de múltiples partes interesadas enriquecerá la toma de decisiones con perspectivas que van más allá del marco del estado-nación.
  • Reformar la composición y las reglas del Consejo de Seguridad: Los Estados Miembros deben continuar las negociaciones para reformar la composición del Consejo de Seguridad añadiendo puestos permanentes para las regiones infrarrepresentadas (por ejemplo, África, América Latina, Asia Meridional) y/o instituyendo una rotación que garantice la representación regional. También deberían acordar limitar el uso del veto —por ejemplo, mediante un código de conducta según el cual las naciones del P5 se comprometan a no vetar acciones destinadas a atajar las atrocidades masivas. Si las medidas voluntarias fallan, podría intentarse una enmienda a la Carta para exigir que un veto solitario pueda ser anulado por una mayoría calificada del Consejo o por la Asamblea General en una sesión especial de emergencia.
  • Institucionalizar el enfoque en el Medio Ambiente y el Futuro: Establecer una Oficina del Alto Comisionado para las Generaciones Futuras o un Enviado Especial para el Clima y la Seguridad dentro del sistema de la ONU para garantizar una defensa continua de los intereses planetarios y a largo plazo. Apoyar la propuesta de una Declaración sobre las Generaciones Futuras y un Tratado Internacional sobre Protección del Medio Ambiente que coloque los bienes comunes globales (océanos, atmósfera, regiones polares) bajo la custodia de la ONU. Estos pasos integrarán consideraciones más que humanas en el marco legal y moral de la ONU.

Al renovar la ONU de estas maneras, creamos un sistema internacional donde la paz se mantiene mediante instituciones inclusivas, representativas y éticamente fundadas. Una ONU democratizada estaría mejor equipada para abordar los desafíos mundiales que ninguna nación puede resolver por sí sola —desde las guerras hasta el cambio climático— y hacerlo de una manera que todos los pueblos consideren justa. De manera crucial, dar voz a los que no la tienen (ya sean naciones pequeñas, ciudadanos de a pie o la propia naturaleza) reducirá los agravios y las percepciones de injusticia que suelen subyacer a los conflictos. En una Organización de las Naciones Unidas reformada, la humanidad puede unirse para buscar la seguridad colectiva de los seres humanos y del planeta. Esto cumple con la visión de la Carta de la ONU y hace que el orden internacional sea más resistente y legítimo para el siglo de paz que nos aguarda.

4. Educación Global para la Paz y la Felicidad para una Cultura de Paz

La paz duradera requiere algo más que tratados y reformas institucionales; exige un cambio fundamental en los corazones y las mentes de las personas. Como observa sabiamente la Constitución de la UNESCO, “puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”. La World Happiness Foundation cree firmemente que la paz y la felicidad deben cultivarse a través de la educación —desde la infancia temprana hasta la edad adulta— en todas las sociedades de la Tierra. Al integrar currículos de Paz y Felicidad en todos los niveles de la educación formal e informal, podemos fomentar las condiciones interiores para la paz: empatía, alfabetización emocional, conciencia plena y compasión. Dicha educación nutre a personas resilientes, comprensivas y expertas en la comunicación no violenta, capaces de construir comunidades y naciones armoniosas. Por lo tanto, recomendamos un esfuerzo mundial concertado para llevar las enseñanzas de paz, bienestar y los valores compartidos de la humanidad a las aulas y a la conciencia pública de todo el mundo.

Cultivar la paz interior y la inteligencia emocional: La educación tradicional suele hacer hincapié en los conocimientos académicos, descuidando el desarrollo socio-emocional. Para construir una cultura de paz, esto debe cambiar. Tanto los niños como los adultos deberían aprender el autoconocimiento, la empatía, la escucha activa y la gestión de la ira, que son los pilares de la paz interior. Un gran cuerpo de pruebas demuestra que los programas de Aprendizaje Social y Emocional (SEL) en las escuelas conducen a una reducción de la agresión y a una mejora de las relaciones interpersonales entre los estudiantes. Por ejemplo, los currículos que incluyen la meditación de conciencia plena y los ejercicios de respiración ayudan a los estudiantes a gestionar el estrés y a desarrollar la compasión. El “Happiness Curriculum” de Delhi (India) es un ejemplo pionero: desde 2018, las escuelas públicas de Delhi han implementado una clase diaria de Felicidad centrada en la conciencia plena, las habilidades emocionales y la ética. Este programa (para los grados K-8) dedica 40 minutos diarios a prácticas como la conciencia plena guiada, historias reflexivas y juegos cooperativos. Los resultados han sido potentes, impactando a más de 800.000 estudiantes en más de 1.000 escuelas y mejorando mensurablemente su bienestar. Un estudio independiente de la Brookings Institution reveló que, a medida que los estudiantes progresaban en este currículo, mejoraban su autoconocimiento, su empatía (“conciencia de los demás”), su comunicación y sus habilidades de pensamiento crítico, con una conciencia plena sólida en todos los grados. Los profesores informaron de que los estudiantes desarrollaron mejores relaciones con los docentes, aumentaron su participación en clase y mejoraron su concentración y conciencia plena como resultado de las clases de Felicidad. Los propios profesores se orientaron más hacia el fomento de los valores y la colaboración mutua. Este caso demuestra cómo un currículo intencionado puede configurar una cultura escolar más pacífica y positiva. La World Happiness Foundation recomienda ampliar estos modelos a escala mundial. Muchas otras iniciativas —desde programas de conciencia plena en escuelas de Reino Unido y EE. UU. hasta currículos socio-emocionales en países escandinavos— demuestran igualmente reducciones en el acoso escolar, la violencia y la ansiedad cuando se enseñan la compasión y las habilidades emocionales.

Enseñar la compasión, la ética y la ciudadanía global: La educación para la paz también debe incluir la dimensión moral y ética: enseñar los valores de la no violencia, el respeto a la dignidad humana y la apreciación de la diversidad. El concepto de la UNESCO de Educación para la Ciudadanía Mundial (ECM) encaja bien en este punto: anima a los alumnos a verse a sí mismos como parte de una comunidad mundial, con una responsabilidad compartida hacia la humanidad y el planeta. Los currículos deberían incorporar lecciones sobre derechos humanos, diálogo intercultural, resolución de conflictos y gestión ambiental. Aprendiendo sobre las diferentes culturas y religiones en una atmósfera de respeto, los jóvenes pueden superar los prejuicios que a menudo siembran la semilla del conflicto. Programas como el de los Colegios del Mundo Unido (UWC) o los módulos de Educación para la Paz del Bachillerato Internacional (IB) consiguen que estudiantes de diferentes naciones vivan y aprendan juntos, lo que crea embajadores de paz de por vida. Del mismo modo, la educación para la paz puede recurrir a modelos históricos de la no violencia (Gandhi, Martin Luther King Jr., Nelson Mandela, etc.) para inspirar a los alumnos con ejemplos de cómo el valor y la empatía pueden cambiar el mundo sin derramamiento de sangre. La ética del cuidado y la compasión debería integrarse en asignaturas que van desde la literatura (empatizar con los personajes) hasta la ciencia (implicaciones éticas de la tecnología) o la historia (centrándose en los pacificadores y el coste de la guerra).

Es importante destacar que la educación para la paz no debe limitarse a las escuelas. También necesitamos educación comunitaria y para adultos: programas de paternidad que enseñen disciplina no violenta, programas de alfabetización mediática que ayuden a los ciudadanos a resistir la propaganda del odio y formación en el lugar de trabajo en inteligencia emocional. La World Happiness Foundation, en colaboración con organizaciones como la Universidad para la Paz (UPEACE) de la ONU en Costa Rica (que ha formado a líderes de la paz durante décadas), puede ayudar a desarrollar contenidos y a certificar instructores para tales esfuerzos. La propia existencia de la UPEACE es un testimonio del valor de institucionalizar la educación para la paz a los niveles más altos (títulos de posgrado en estudios de paz, resolución de conflictos, etc.). Imaginamos un mundo en el que sea normal que un niño aprenda meditación en el jardín de infancia, resolución de conflictos en la escuela primaria, comprensión intercultural en la escuela secundaria y quizá realice estudios de paz y desarrollo en la universidad, creando una cantera de ciudadanos y líderes dispuestos a construir la paz.

Integrar la “felicidad” y el bienestar en la política educativa: Una contribución clave de la World Happiness Foundation es destacar la felicidad y el bienestar como objetivos y medios de la educación. Los individuos felices —aquellos que tienen cubiertas sus necesidades básicas y gozan de bienestar psicosocial— son mucho más propensos a no sucumbir al odio o la violencia. Existe un reconocimiento creciente, incluso en la ONU (por ejemplo, el Día Internacional de la Felicidad y los Informes Mundiales sobre la Felicidad), de que la política pública debería elevar la felicidad como una métrica fundamental del progreso. Instamos a los gobiernos a incorporar resultados de felicidad y salud mental en sus objetivos educativos. Esto implica proporcionar a los estudiantes herramientas para la resiliencia, el autocuidado y el cuidado de la comunidad. Algunos países y regiones han empezado a innovar en esta dirección: el enfoque de la Felicidad Nacional Bruta (FNB) de Bután impregna su sistema educativo, haciendo hincapié en valores como la armonía con la naturaleza y con los demás. En el estado indio de Uttar Pradesh, se ha puesto en marcha un “Plan de estudios de la conciencia plena” (Mindfulness Curriculum) con fines similares. Al valorar formalmente la felicidad, las escuelas crean un entorno en el que la amabilidad, la gratitud y la cooperación son tan importantes como las matemáticas y la lectura. Esto no resta valor a los resultados académicos; al contrario, las investigaciones demuestran que los estudiantes que aprenden habilidades socio-emocionales suelen rendir mejor académicamente porque tienen mejor concentración y apoyo.

Acciones Recomendadas – Educación para la Paz y la Felicidad:

  • Adoptar Estrategias Nacionales de Educación para la Paz: La UNESCO y los ministerios nacionales de educación deben colaborar en el desarrollo de currículos nacionales para la educación para la paz que incluyan el aprendizaje socio-emocional, la resolución de conflictos, los derechos humanos y la ciudadanía mundial. Cada país puede adaptar estos planes de estudio a su contexto, pero la ONU puede facilitar el intercambio de mejores prácticas (como hizo con el programa Cultura de Paz). Los gobiernos deberían revisar los estándares educativos para integrar estos temas en todas las asignaturas y niveles de grado, en lugar de tratar la “paz” como un tema ocasional.
  • Implementar currículos de Felicidad a nivel mundial: Basándose en el éxito de Delhi y otros lugares, otras jurisdicciones deberían introducir una “Clase de Felicidad” o un tiempo dedicado a la conciencia plena y al SEL en la jornada escolar. Esto podría ser tan sencillo como una sesión de conciencia plena de 15 minutos cada mañana y una clase semanal sobre habilidades emocionales. Las organizaciones internacionales pueden ayudar a financiar y formar a los profesores para este fin. Los resultados positivos en el comportamiento y la mentalidad de los estudiantes (como demuestra el programa de Delhi al mejorar la atención, la participación y las relaciones entre profesores y alumnos) son un sólido argumento a favor de la adopción mundial.
  • Formar a los Educadores como Embajadores de la Paz y el Bienestar: Los centros de formación del profesorado y los programas de desarrollo profesional continuo deben dotar a los educadores de las competencias necesarias para enseñar la paz y la felicidad. Esto significa formar a los profesores en la facilitación (más que en la enseñanza por repetición), en la práctica de la conciencia plena o el yoga por sí mismos, y en métodos de enseñanza informados sobre el trauma para los estudiantes que han sufrido violencia. Podría desarrollarse una certificación mundial en “Educación para la Paz”, animando a los profesores a especializarse en este campo. Además, pueden establecerse programas de intercambio para que profesores y alumnos de distintos países se conozcan y aprendan unos de otros, rompiendo estereotipos y creando vínculos mundiales.
  • Educación Comunitaria para la Paz y Campañas en los Medios: La educación debe extenderse más allá de las escuelas. Pedimos campañas de concienciación pública y educación informal que promuevan los valores no violentos. Por ejemplo, difundir contenidos de educación para la paz a través de la radio, la televisión y las redes sociales —como dibujos animados infantiles que modelen la resolución de conflictos o documentales sobre la consolidación de la paz con éxito— puede llegar a quienes están fuera del sistema formal. Los centros comunitarios y las instituciones religiosas pueden organizar talleres de “paz y compasión” para las familias. Reconociendo que los medios de comunicación pueden incitar al odio o difundir el entendimiento, la ONU y las ONG deben trabajar con las emisoras para fomentar una programación que fomente la tolerancia y el respeto mutuo.
  • Coalición Mundial para la Educación para la Paz: La World Happiness Foundation propone la creación de una Coalición Mundial sobre la Educación para la Paz y la Felicidad bajo el liderazgo de la UNESCO, que reúna a gobiernos, ONG (como la Campaña Mundial por la Educación para la Paz), la academia y organizaciones juveniles. Esta coalición coordinaría la investigación sobre la eficacia de los planes de estudio, desarrollaría materiales de educación para la paz de código abierto en varios idiomas y, quizás, establecería un índice mundial para medir los progresos en la educación para la paz y el bienestar. Se podría alentar a los países (mediante el reconocimiento o modestos incentivos financieros) a incluir compromisos de educación para la paz en sus planes nacionales (de forma análoga a los compromisos climáticos).
  • Aprovechar las conmemoraciones internacionales en las escuelas: Alinear las actividades escolares con días como el Día Internacional de la Paz (21 de septiembre) y el Día Internacional de la Felicidad (20 de marzo). En torno a estos días, las escuelas de todo el mundo pueden celebrar asambleas especiales, concursos artísticos por la paz, diálogos interreligiosos o proyectos de servicio a la comunidad que pongan de relieve la unidad y la compasión. Esta sincronía crea una poderosa experiencia global compartida y refuerza la conexión entre la paz y la alegría colectiva.

Educar para la paz y la felicidad es una inversión a largo plazo en una “paz positiva”: las actitudes e instituciones que previenen el conflicto. Aunque sus frutos aparezcan gradualmente, son profundos y duraderos. Imaginemos una generación de jóvenes en todas las naciones a los que se les ha enseñado desde la infancia a ver en cada ser humano a alguien digno de recibir respeto, que saben calmar su propia ira y escuchar la perspectiva de un oponente, que celebran la diversidad y que encuentran sentido en ayudar a los demás; una generación así será el baluarte más fuerte contra la guerra y el autoritarismo. Como observó un alumno de una Clase de Felicidad en Delhi tras una sesión de conciencia plena: “Cuando me siento en paz interior, siento que también quiero hacer felices a los demás”. Esto resume el efecto dominó que buscamos: la paz interior engendra la paz exterior. La World Happiness Foundation está convencida de que integrar la paz y la felicidad en la educación no es un lujo, sino una necesidad para romper el ciclo perpetuo de violencia y miseria. A través del conocimiento, la empatía y los valores compartidos, podemos construir en la mente de todas las personas las sólidas defensas de la paz, tal y como previeron los fundadores de la UNESCO.

5. Brechas en la declaración de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz – Bases para un 2025 pacífico

Aunque el “llamado a la paz” de la SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz proporciona un marco crucial, la World Happiness Foundation ha identificado varias brechas y áreas adicionales que no se abordan plenamente en la declaración original. Para sentar las bases de un mundo verdaderamente pacífico para 2025, estos elementos deben incorporarse a la agenda mundial. A continuación esbozamos las lagunas principales y cómo las cubren nuestras recomendaciones:

  • Más allá del desarme nuclear: Desarme total:Brecha: La declaración de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz apoya firmemente la prohibición de las armas nucleares, pero no aborda explícitamente el vasto comercio de armas convencionales y la militarización que también alimentan las guerras. Adición de la World Happiness Foundation: Pedimos un desarme mundial total, que abarque todo el armamento y las fuerzas armadas. Esto amplía el enfoque de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz, que pasa de las armas nucleares a incluir las armas pequeñas, las armas pesadas y el gasto militar. Al instar a la eliminación de todas las formas de militarización y del comercio de armas, abordamos la raíz del conflicto armado, un área que la declaración original sólo tocaba parcialmente (a través de los recortes presupuestarios militares). Nuestra recomendación de un tratado de desarme mundial y el ejemplo de la democracia desarmada de Costa Rica ofrecen vías concretas para este fin.
  • Prohibición explícita de la violencia en la resolución de conflictos:Brecha: Los principios de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz hacen hincapié en la diplomacia y en detener las “espirales de violencia”, pero no llegan a declarar ilegítima la propia violencia como herramienta política. No hay un llamamiento directo a prohibir la guerra o la fuerza armada de forma generalizada. Adición de la World Happiness Foundation: Abogamos por una prohibición universal del uso de la violencia para la resolución de conflictos, convirtiendo esencialmente la renuncia a la guerra y a la agresión armada en una norma internacional. Esto refuerza el propósito de la Carta de la ONU y plantea la paz como la única opción aceptable. Al promover la justicia restaurativa, el diálogo y la comunicación no violenta, cubrimos la laguna sobre cómo resolver las disputas sin coacción. Nuestra recomendación se alinea y amplía el punto de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz de que “las guerras se pueden resolver mediante el diálogo”; añadimos que ningún otro método es aceptable.
  • Gobernanza mundial democrática y voz para la naturaleza:Brecha: La declaración de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz pide una reforma del Consejo de Seguridad y una ONU más fuerte, pero no menciona medidas de democratización más profundas ni la representación de las partes interesadas más allá de los estados-nación. No aborda la inclusión de la sociedad civil, la juventud o el medio ambiente en la toma de decisiones global. Adición de la World Happiness Foundation: Recomendamos una renovación democrática radical de la ONU, que incluya una Asamblea Parlamentaria de la ONU (que dé voz directa a los pueblos del mundo) y nuevos consejos para la juventud, las regiones, los pueblos indígenas y el Antropoceno (la naturaleza). Incorporamos explícitamente el mundo “más que humano” al proponer la representación de los ecosistemas y de las generaciones futuras, un tema ausente en el llamamiento original. Estas innovaciones garantizan que la ONU sea “verdaderamente representativa de toda la humanidad” y de nuestro planeta, cerrando la brecha de representación. Al abogar por estos cambios estructurales, abordamos los desequilibrios de poder subyacentes y la exclusión que, si no se afrontan, pueden engendrar conflictos.
  • Educación y cultura de paz:Brecha: En ningún momento los diez principios de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz mencionan la educación o el cambio cultural como parte de la construcción de la paz. Se centran principalmente en medidas políticas y de seguridad. Esto deja una laguna en cuanto a cómo lograr el cambio de mentalidad necesario para una paz sostenible. Adición de la World Happiness Foundation: Introducimos el elemento crítico de la educación para la Paz y la Felicidad a nivel mundial, para “erigir los baluartes de la paz en la mente de hombres y mujeres”. Esta propuesta cubre la brecha cultural y educativa garantizando que las generaciones futuras estén equipadas para vivir en paz. Al integrar la conciencia plena, la compasión y la inteligencia emocional en los programas de estudio, abordamos los cimientos sociales intangibles de la paz que faltaban en el documento de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz. Esta educación amplifica todos los demás esfuerzos al cultivar una población que exige y mantiene la paz.
  • Enfoque integral de la paz y el bienestar:Brecha: La declaración de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz, a pesar de su amplitud de miras políticas, no vinculaba explícitamente la paz con la felicidad humana y el bienestar. Hablaba de desarrollo sostenible y justicia, pero no de los aspectos psicológicos y de bienestar de la comunidad. Adición de la World Happiness Foundation: Nuestra respuesta vincula explícitamente la paz con la agenda de la felicidad. Destacamos cómo la violencia y la guerra devastan el bienestar humano (causando traumas, infelicidad, desintegración social) y, a la inversa, cómo la paz permite el florecimiento humano. Al proponer currículos de felicidad y hacer hincapié en la compasión, integramos en el discurso sobre el fin de las guerras el factor humano, a menudo olvidado: la necesidad de paz interior y satisfacción. Rellenamos el hueco demostrando que la paz no es simplemente la ausencia de guerra, sino la presencia de condiciones positivas para que las personas y la naturaleza prosperen.
  • Mecanismos y ejemplos prácticos:Brecha: Aunque la declaración de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz proporcionaba principios rectores, ofrecía pocos mecanismos concretos o ejemplos de aplicación. Por ejemplo, instaba a apoyar la prohibición nuclear y los recortes en el gasto militar, pero no especificaba las mejores prácticas o estudios de casos exitosos para otros puntos. Adición de la World Happiness Foundation: Hemos dotado a nuestras recomendaciones de propuestas y precedentes prácticos: por ejemplo, la abolición del ejército en Costa Rica como modelo, la TRC en Sudáfrica como modelo de reconciliación, el Currículum de la Felicidad de Delhi como modelo de educación, y estructuras específicas como una APNU. Al hacerlo, abordamos el “cómo”, proporcionando un plan de acción más claro para aplicar la visión. Esto dota a los responsables políticos y a los defensores de ideas tangibles para llevar a cabo.

Al identificar y abordar estas lagunas, las recomendaciones ampliadas de la World Happiness Foundation pretenden complementar y reforzar el llamamiento de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz, garantizando que no se pase por alto ninguna faceta crítica de la construcción de la paz. Subrayamos que 2025 ha sido proclamado Año Internacional de la Paz y la Confianza (resolución 78/266 de la Asamblea General de la ONU), una oportunidad tanto simbólica como real para avanzar en estas medidas integrales. Para que 2025 sea verdaderamente un punto de inflexión hacia la paz, la comunidad mundial debe abordar la paz desde todos los ángulos: desarmando nuestras armas, desarmando nuestros corazones, reformando nuestras instituciones mundiales y educando a nuestros hijos en los caminos de la paz. Sólo un enfoque holístico puede crear los cimientos robustos para un mundo pacífico y feliz.

Conclusión – Un llamado a la acción para un futuro pacífico y feliz

Las recomendaciones ampliadas de la World Happiness Foundation amplifican “Un llamado a la paz: el fin de las guerras y el respeto al derecho internacional” de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz. Hemos expuesto una visión ambiciosa pero alcanzable, basada en la verdad fundamental de que la paz no es simplemente un alto el fuego o el silenciamiento de las armas: es un proceso positivo y dinámico de desarme, sanación, inclusión y educación. Para resumir nuestros puntos clave:

  • Instamos a la eliminación de todas las armas y de la militarización, liberando a la humanidad de la tiranía de las armas y redirigiendo los recursos hacia objetivos que sustenten la vida. El mundo debe unirse para declarar que nuestra seguridad ya no se construirá sobre las armas de guerra, sino sobre la solidaridad humana y el desarrollo sostenible. Los abrumadores gastos militares y los arsenales actuales no tienen cabida en el pacífico siglo XXI que nos esforzamos por crear.
  • Abogamos por una norma mundial que prohíba la violencia como medio para resolver conflictos, haciendo de la negociación, la justicia y la reconciliación el estándar universal. Al hacerlo, reavivamos el ideal de que la paz es el único objetivo racional de la humanidad. El ciclo de las represalias y de la guerra puede romperse —y debe romperse— eligiendo la no violencia en cada paso y proporcionando las vías diplomáticas y restaurativas para que esa elección sea viable.
  • Hacemos un llamamiento a una profunda democratización de la gobernanza internacional, para que las Naciones Unidas se conviertan verdaderamente en la voluntad unida de los pueblos del mundo y en las guardianas de nuestro planeta. Una ONU reformada con una representación equitativa y nuevas voces —de los jóvenes, las ciudades, las comunidades indígenas y la naturaleza— prevendrá mejor los conflictos y defenderá la justicia. Esta renovación se alinea con el propósito fundacional de la ONU y lo adapta a las realidades actuales.
  • Hacemos hincapié en el poder de la educación y la transformación cultural para garantizar la paz de las generaciones venideras. Al inculcar los valores de la paz, la empatía y la ciudadanía mundial en cada niño, sembramos las semillas de un mundo en el que las disputas no den lugar al odio y la violencia. La mente es el primer campo de batalla; mediante la educación para la paz, nos aseguramos de que ese campo de batalla sea ganado por la comprensión antes de que se produzca una batalla física.
  • Abordamos los eslabones que faltan en la agenda de paz actual, garantizando que los esfuerzos hacia 2025 y más allá sean integrales e inclusivos. La paz debe construirse a todos los niveles: interior (personal), interpersonal, social e internacional. Nuestras recomendaciones entrelazan estos niveles en un tapiz coherente de paz.

El lenguaje de estas recomendaciones es deliberadamente formal y diplomático, pero el espíritu que las anima es de un profundo humanismo y urgencia. Nos encontramos en una encrucijada de la historia. Por un lado, el mundo sigue un camino de carrera armamentista, conflictos enquistados y destrucción del medio ambiente, un camino que pone en peligro no sólo la felicidad, sino la civilización misma. Por otro lado, vemos un horizonte brillante: naciones que se desarman y cooperan, conflictos que se sanan mediante el diálogo, unas Naciones Unidas renovadas para satisfacer las necesidades de todos, niños de todo el mundo que crecen como artesanos de la paz y una humanidad que vive en armonía con la naturaleza.

El llamamiento a la acción de la World Happiness Foundation se dirige tanto a los líderes como a los ciudadanos. Instamos a los gobiernos, a las agencias de la ONU y a las organizaciones internacionales a que adopten estas recomendaciones: negocien los tratados de desarme, reformen la ONU, inviertan en educación para la paz y apoyen la justicia restaurativa. También instamos a la sociedad civil, a los educadores, a los líderes religiosos y al sector privado a que defiendan estas ideas a nivel comunitario: exijan dividendos de paz, practiquen la no violencia, lleven la conciencia plena y la compasión a la vida diaria y exijan a los líderes responsabilidad con la promesa de paz. Cada uno de nosotros tiene un papel que desempeñar; como se señala en la declaración de SDSN, UNAOC y Religiones por la Paz, “los buscadores de la paz se encuentran en todas las sociedades”. La paz es demasiado importante para dejarla sólo en manos de los gobiernos; debe ser un movimiento popular en todo el planeta.

Para terminar, la World Happiness Foundation prevé un 2025 en el que los cimientos de la paz estén firmemente asentados: donde las guerras terminen, no se multipliquen; donde el derecho internacional y los derechos humanos guíen la resolución de las disputas; donde se reconozca y se garantice la “seguridad de todos”; y donde una cultura de paz eche raíces en cada nación. Creemos que la paz y la felicidad se refuerzan mutuamente: un mundo más pacífico permitirá una mayor felicidad, y un mundo más feliz estará más inclinado a preservar la paz. Atendamos este llamamiento a la paz con la seriedad y la determinación que merece. El fin de las guerras y el florecimiento de la ley y el amor no es un sueño ingenuo, sino un imperativo práctico para nuestra supervivencia y prosperidad.

El año 2025 ha sido designado Año Internacional de la Paz y, que se recuerde como el año en que la humanidad eligió irrevocablemente el camino de la paz. Que marque el principio del fin de la guerra en la historia de la humanidad. La World Happiness Foundation está dispuesta a colaborar con todos sus socios para hacer realidad estas recomendaciones. Juntos, hagamos de la paz, en todas sus dimensiones, nuestro legado para las generaciones futuras: un legado de un mundo finalmente libre de la sombra de la guerra, donde cada individuo pueda buscar la vida, la libertad y la felicidad en una familia global unida por la compasión y la esperanza.

Fuentes:

  • SDSN, UNAOC, y Religiones por la Paz y la Alianza Global por la Paz, “A Call for Peace, the End of Wars and Respect for International Law” (Diez Principios por la Paz).
  • Reuters – Gasto militar global récord de 2,72 billones de dólares en 2024.
  • Ban Ki-moon (UNSG) – “El mundo está sobrearmado, y la paz infrainvertida”.
  • Small Arms Survey – Más de mil millones de armas pequeñas en circulación alimentando la violencia.
  • UNESCO – Abolición del ejército en Costa Rica (1949) como modelo de paz desarmada y desarrollo social.
  • Declaración de SDSN, UNAOC, y Religiones por la Paz – “Las guerras no terminan en el campo de batalla... nunca hay excusa para romper los esfuerzos diplomáticos”; “La humanidad puede elevarse por encima de la violencia atávica... el diálogo y la diplomacia como el camino urgente hacia la paz duradera”.
  • Constitución de la UNESCO – “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz”.
  • Caso del “Happiness Curriculum” de Delhi: implementado en más de 1.000 escuelas, mejoró el bienestar, la empatía y las relaciones profesor-estudiante.
  • Jeffrey Sachs / SDSN – Propuesta para una Asamblea Parlamentaria de la ONU y nuevos Consejos de la ONU para la Juventud/Generaciones Futuras y para el medio ambiente (Antropoceno).
  • Resolución 78/266 de la AG de la ONU – Proclamando 2025 como Año Internacional de la Paz y la Confianza.

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