Skip to content

community

Declaración de la World Happiness Foundation para la Conferencia de Alto Nivel sobre los Musulmanes Rohingya y otras Minorías en Myanmar

Por Luis Miguel Gallardo – Fundador y Presidente, World Happiness Foundation. Declaración para la Conferencia de Alto Nivel de la ONU sobre los Rohingya y las Minorías en Myanmar. Introducción y Contexto. La World Happiness Foundation (WHF) acoge con satisfacción la convocatoria de la Conferencia de Alto Nivel sobre la situación de los musulmanes rohingya.

28 de julio de 2025·Luis Miguel Gallardo·37 min de lectura

communitycomunidadconscienciaconsciousnesseducacioneducation

AI insights

Reading the essay…

Por Luis Miguel Gallardo – Fundador & Presidente, World Happiness Foundation

Declaración para la Conferencia de Alto Nivel de la ONU sobre los Rohingya y las Minorías en Myanmar

Introducción y Contexto

La World Happiness Foundation (WHF) acoge con satisfacción la convocatoria de la Conferencia de Alto Nivel sobre la Situación de los Musulmanes Rohingya y Otras Minorías en Myanmar el 30 de septiembre de 2025 en la Sede de las Naciones Unidas. Esta reunión, mandatada por la resolución 79/278 de la Asamblea General de la ONU, ofrece una oportunidad crucial para movilizar la voluntad política y la compasión ante una de las crisis humanitarias y de derechos humanos más urgentes de nuestro tiempo. Nos solidarizamos con todos los esfuerzos para revisar la crisis en Myanmar, abordar sus causas fundamentales y proponer un plan integral para una resolución sostenible, que incluya condiciones para el regreso voluntario, seguro y digno de los refugiados Rohingya a su patria. En consonancia con nuestra misión, afirmamos que la paz duradera en Myanmar es inseparable de la felicidad y el bienestar de su pueblo. De hecho, el llamamiento global “Un Llamado a la Paz: El Fin de las Guerras y el Respeto al Derecho Internacional” –que la WHF respalda plenamente– subraya que los conflictos actuales son “solucionables mediante el diálogo” y que la opresión y la pobreza alimentan la violencia. La difícil situación de los Rohingya ejemplifica esta verdad: décadas de privación de derechos y sufrimiento han provocado una inestabilidad que solo puede superarse mediante el diálogo, la justicia y el respeto fundamental por la dignidad humana. Nuestra Fundación ha obtenido recientemente el estatus consultivo ante el ECOSOC en la ONU, y estamos comprometidos a llevar nuestros principios de no violencia, resolución de conflictos informada por el trauma y Paz Fundamental al primer plano de los debates.

La Paz Fundamental es la piedra angular de nuestra perspectiva. Cuando hablamos de paz, nos referimos a algo más que la ausencia de guerra: nos referimos a una armonía profunda que alinea el bienestar interior con la justicia y la libertad exteriores. Es lo que llamamos Paz Fundamental –una “cualidad de conciencia que surge cuando la vida interior de uno se alinea con la verdad exterior”, creando una armonía nacida de la libertad, la conciencia y la felicidad compartida. Este tipo de paz es tanto valiente como compasiva: requiere que abordemos los agravios tangibles y, al mismo tiempo, sanemos los corazones y las mentes. Reconoce, al igual que el enfoque del Camino Medio del Dalai Lama, que la verdadera resolución no reside ni en el dominio ni en la secesión, sino en la interdependencia y el reconocimiento mutuo. Creemos que aplicar este principio de Paz Fundamental a la sociedad multiétnica de Myanmar –fomentando el diálogo, el entendimiento y la humanidad compartida– es fundamental para poner fin al ciclo de violencia y desplazamiento. En esta declaración, esbozamos nuestra posición arraigada en la no violencia, la construcción de la paz informada por el trauma, la integración social, la paz interior y el perdón como claves para resolver la crisis de los Rohingya y construir un futuro mejor para todas las comunidades de Myanmar.

La No Violencia como Único Camino

En el corazón del enfoque de la World Happiness Foundation se encuentra un compromiso inquebrantable con la no violencia. Nos unimos a las Naciones Unidas y a la sociedad civil mundial para subrayar que no existe una solución militar para la crisis de los Rohingya, sino únicamente una solución humana. Todas las partes, especialmente aquellas en posiciones de poder, deben renunciar categóricamente al uso de la fuerza y la violencia para abordar los agravios. Nos sumamos a los llamamientos para una renuncia universal a la violencia como medio de resolución de conflictos, para ser sustituida por el diálogo, la diplomacia y la justicia restaurativa. Los horrores infligidos a los Rohingya y a otras comunidades minoritarias –desde la quema de aldeas hasta el desplazamiento masivo– subrayan que la violencia solo engendra más sufrimiento y afianza ciclos de odio. Elogiamos la insistencia de la comunidad internacional en que las autoridades de Myanmar cesen todas las ofensivas militares y atrocidades contra civiles. La repatriación de refugiados seguirá siendo imposible “si no somos capaces de poner fin a los ataques aéreos y bombardeos indiscriminados de la junta militar”, como señaló recientemente un representante de Myanmar ante la ONU. El cese inmediato de las hostilidades y de los abusos contra los derechos humanos es un primer paso innegociable.

Sin embargo, la no violencia no es pasiva; es una fuerza activa y poderosa para el cambio. Como han observado las reflexiones de nuestra Fundación sobre la paz, la no violencia “no es pasiva, es feroz en su conciencia. Es la negativa a permitir que el sufrimiento defina el futuro”, y esta negativa, arraigada en la compasión, es donde comienza la sanación. Sostenemos ejemplos como Mahatma Gandhi, Martin Luther King Jr. y la visión temprana de Aung San Suu Kyi de un Myanmar pacífico (a pesar de las complejidades de la historia) como recordatorios de que el coraje moral puede desarmar la injusticia. Instamos a todas las partes interesadas –gobiernos, líderes étnicos y actores internacionales– a comprometerse a resolver las disputas con palabras, no con armas. En términos prácticos, esto significa ampliar drásticamente el apoyo a la mediación, los foros de diálogo y la intervención diplomática. Las Naciones Unidas deberían reforzar su capacidad de mediación para facilitar las conversaciones entre las autoridades de Myanmar, los representantes de las minorías étnicas y los líderes de los refugiados, de modo que los agravios puedan ser escuchados y negociados de buena fe. También significa implementar la cultura de la no violencia en todos los niveles de la sociedad: desde cómo las fuerzas de seguridad manejan los disturbios hasta cómo las comunidades gestionan las tensiones. Se ha demostrado que las respuestas militarizadas a los problemas políticos y sociales solo “fomentan más odio y sufrimiento”. En su lugar, abogamos por enfoques como la Comunicación No Violenta (CNV) y el diálogo comunitario para desactivar los conflictos. Los programas de formación en empatía, escucha activa y resolución de conflictos –para soldados, policías, funcionarios, líderes juveniles y educadores– pueden transformar la forma en que se gestionan los desacuerdos, sustituyendo la coerción por el entendimiento. Para reforzar esta norma, WHF apoya los llamamientos a una Declaración Internacional de No Violencia respaldada por todos los Estados Miembros de la ONU. Una declaración de este tipo serviría como una promesa global de que la violencia no se utilizará para resolver conflictos, ya sea entre estados o dentro de ellos, y fortalecería el marco moral y legal que sostiene la paz como la única opción aceptable.

Fundamentalmente, el compromiso con la no violencia en el contexto de Myanmar debe provenir de todas las partes. Hacemos un llamamiento no solo al gobierno y al ejército, sino también a cualquier grupo armado que opere en Myanmar, incluidas las facciones asociadas con los Rohingya u otras minorías: depongan las armas y elijan el diálogo. La búsqueda de derechos y seguridad del pueblo Rohingya no tiene por qué librarse con balas; puede y debe perseguirse mediante la fuerza de la verdad y el peso moral del derecho internacional y los derechos humanos. Asimismo, los agravios de otras minorías étnicas en Myanmar (Kachin, Karen, Chin, Shan y otros que han experimentado conflictos) deben abordarse mediante la negociación política y la construcción nacional inclusiva, no mediante insurgencias o represiones prolongadas. Al prohibir la violencia como herramienta política, creamos espacio para debates significativos sobre autonomía, ciudadanía, reparto de recursos y justicia. WHF cree que si se cultiva el hábito del diálogo de forma persistente –a través de conversaciones de paz regulares, diplomacia de “vía II” con la sociedad civil y talleres de paz comunitarios– la confianza puede reconstruirse lentamente incluso después de los capítulos más oscuros de violencia. La no violencia es tanto un principio como una estrategia práctica: sienta las bases para que todas las demás soluciones echen raíces.

También alentamos a la comunidad internacional a reforzar este principio de no violencia. La próxima conferencia es en sí misma un testimonio de la diplomacia. Instamos a los Estados Miembros a considerar resultados concretos tales como: un llamamiento renovado en la Asamblea General para la protección de los civiles en Myanmar; apoyo a un embargo mundial de armas contra quienes siguen cometiendo atrocidades; y un respaldo robusto a los enviados especiales de la ASEAN y la ONU para mediar en las conversaciones. Además, en vísperas de la conferencia, observamos la importancia del calendario: el 2 de octubre –solo dos días después– es el Día Internacional de la No Violencia, que conmemora el nacimiento de Gandhi. Aprovechemos este momento simbólico para recomprometerse con la paz. Proponemos que todas las naciones presentes en la conferencia se comprometan a informar sobre el progreso en la reducción de la violencia y los crímenes de odio en las reuniones de la ONU del próximo año. La sociedad civil y los líderes religiosos también pueden marcar ese día con declaraciones públicas rechazando la violencia en todas sus formas. Al convertir la no violencia no solo en una medida reactiva, sino en una norma global proactiva, podemos mover a la humanidad hacia un futuro donde la guerra y la persecución sean impensables.

Resolución de Conflictos Informada por el Trauma y Sanación

Al abordar la crisis de los Rohingya, debemos recordar que la paz no se construye solo sobre acuerdos políticos, sino también sobre la sanación de las heridas, tanto visibles como invisibles. El pueblo Rohingya ha soportado traumas indecibles: familias destrozadas, aldeas arrasadas, violencia sexual desenfrenada contra las mujeres y años de privaciones en campos de refugiados. Otras comunidades minoritarias en Myanmar han sufrido igualmente décadas de conflictos civiles y represión estatal. Estos profundos agravios y traumas impulsan el ciclo de violencia y, a menos que se aborden con compasión, cualquier solución política seguirá siendo frágil. La World Happiness Foundation aboga por un enfoque de resolución de conflictos informado por el trauma, que sitúe la restauración y la sanación en su centro, en lugar de la retribución o el abandono.

Un proceso de paz informado por el trauma comienza por reconocer el dolor y la humanidad de todos los afectados. Instamos a que cualquier plan integral incluya mecanismos para la búsqueda de la verdad, la justicia y la reconciliación. En lugar de responder a la violencia con más violencia o solo con medidas punitivas, las sociedades deberían responder con una “justicia que sana”. Esto significa priorizar vías para que los supervivientes expresen sus experiencias, para que los perpetradores reconozcan sus errores y para que las comunidades reconstruyan la confianza. El mundo cuenta con poderosos ejemplos de los que aprender. En Sudáfrica, la Comisión para la Verdad y la Reconciliación (TRC) permitió que una sociedad plagada de atrocidades se enfrentara a su pasado a través de testimonios públicos y amnistía condicional, lo que ayudó a “prevenir una espiral de retribución tras el apartheid”. En Ruanda, los tribunales comunitarios Gacaca y los programas de reconciliación permitieron que muchos perpetradores del genocidio de 1994 confesaran y buscaran perdón, lo cual ha sido vital para la sanación comunal. En Colombia, las comisiones de la verdad y los programas de reparación han sido fundamentales para abordar décadas de trauma por guerra civil. Recomendamos mecanismos de justicia restaurativa similares para Myanmar cuando las condiciones lo permitan. Cualquier acuerdo de paz o transición futuro en Myanmar debería incorporar formalmente un proceso de verdad y reconciliación. Esto podría adoptar la forma de una comisión independiente para investigar los crímenes contra los Rohingya y otras minorías, documentar la verdad de lo sucedido y dar a los sobrevivientes su día para ser escuchados. Un órgano de este tipo, idealmente apoyado por la ONU y los socios regionales, puede sentar las bases para el perdón y la coexistencia estableciendo un registro oficial de los hechos y reconociendo el sufrimiento padecido.

El perdón, por difícil que sea, es una herramienta poderosa para romper los ciclos de venganza. No proponemos una absolución ingenua de crímenes atroces –la rendición de cuentas es esencial–, pero sostenemos que la reconciliación es imposible sin cierta voluntad de perdonar. Un enfoque informado por el trauma fomentaría iniciativas tanto a nivel nacional como de base para promover la empatía entre las comunidades. Por ejemplo, podrían organizarse diálogos comunitarios entre refugiados Rohingya y comunidades budistas Rakhine (muchas de las cuales también experimentaron violencia y desplazamiento en la agitación). Tales diálogos, facilitados por constructores de paz capacitados, pueden humanizar a los antiguos adversarios y disipar narrativas tóxicas. Los programas de intercambio interreligioso e interétnico pueden ayudar a reconstruir el tejido social, permitiendo que los vecinos se vean entre sí como seres humanos más allá de las etiquetas. Cuando sea apropiado, se deben utilizar prácticas tradicionales y culturales de resolución de conflictos; por ejemplo, recurriendo a ancianos locales respetados o líderes religiosos para mediar y promover la sanación, basándose en nociones culturales de perdón y armonía.

La justicia también debe impartirse de forma que sane. WHF apoya vías de rendición de cuentas centradas en resultados restaurativos. Esto incluye la responsabilidad legal por los crímenes más graves –tomamos nota de los esfuerzos internacionales en curso, como el caso por genocidio ante la Corte Internacional de Justicia, y creemos que quienes orquestaron las atrocidades deben enfrentar las consecuencias. Sin embargo, más allá de la justicia punitiva, debería haber medidas de reparación: compensación para las víctimas, conmemoración de los seres queridos perdidos y garantías de no repetición. Un enfoque creativo podría implicar un fondo de reparaciones para los supervivientes de la violencia en Myanmar, financiado tal vez por contribuciones internacionales o gastos militares redirigidos (convirtiendo “balas en pan”, por así decirlo). Las reparaciones –ya sean financieras o en formas como la reconstrucción de hogares y escuelas– reconocen el daño y ayudan a restaurar la dignidad.

Un elemento central de la construcción de la paz informada por el trauma es proporcionar apoyo psicosocial y atención de salud mental generalizados. El trauma no es solo una aflicción individual; es colectiva. En los campos de refugiados de Cox’s Bazar, Bangladesh, las organizaciones de ayuda informan de altos niveles de TEPT, depresión y desesperanza entre los refugiados Rohingya, quienes ven poco futuro para ellos o sus hijos. Dentro de Myanmar, las comunidades marcadas por la violencia a menudo luchan contra el miedo, la ira y el trauma intergeneracional. Hacemos un llamamiento a la comunidad internacional y a las agencias humanitarias para que aumenten significativamente los servicios de salud mental para estas poblaciones. Esto podría incluir la formación de voluntarios refugiados Rohingya como consejeros comunitarios, el establecimiento de centros de asesoramiento para traumas en campos y zonas de conflicto, y asegurar que cualquier plan de repatriación o reintegración cuente con sólidos sistemas de apoyo psicológico. La sanación del trauma es una labor a largo plazo, pero es parte integral para romper la transmisión del odio de una generación a la siguiente.

En términos prácticos, la WHF recomienda que los resultados de la Conferencia de Alto Nivel respalden: (a) la creación de una Comisión de la Verdad, Justicia y Reconciliación de Myanmar (cuando las circunstancias lo permitan), con el mandato de abordar la persecución de los Rohingya y otros conflictos étnicos, basándose en las mejores prácticas de comisiones similares en todo el mundo; (b) la inclusión de programas de justicia restaurativa en los planes de repatriación de refugiados –por ejemplo, proyectos de reconciliación comunitaria en el estado de Rakhine, donde los retornados y las comunidades locales puedan identificar colaborativamente agravios y soluciones, facilitados por constructores de paz; (c) financiación internacional para iniciativas de sanación de traumas, tales como formación en resiliencia, grupos de apoyo (especialmente para mujeres y jóvenes) y ceremonias de sanación cultural; y (d) garantizar que cualquier tribunal o corte que aborde esta crisis (nacional o internacional) incorpore testimonios de las víctimas y aspire a resultados que ayuden a reconstruir la armonía social en lugar de limitarse a castigar. Al centrarse en “la búsqueda de la verdad, el perdón, las reparaciones y la restauración de las relaciones”, Myanmar puede empezar a romper el círculo vicioso en el que los oprimidos de hoy podrían convertirse en los vengadores del mañana. En cambio, las víctimas y supervivientes de hoy pueden convertirse en los líderes de la reconciliación, si reciben el apoyo y el reconocimiento adecuados. Una paz que sana es una paz que perdura.

Integración Social y Dignidad Humana

Una de las raíces fundamentales de la crisis Rohingya –y de muchos conflictos en Myanmar– es la negación de la identidad y la inclusión. La paz no será sostenible si no abordamos cómo los Rohingya y otras minorías pueden integrarse plenamente en el tejido social, político y económico de la nación como miembros iguales. Durante décadas, los Rohingya han sido excluidos y apátridas en su propia tierra, despojados de su ciudadanía por leyes injustas y condenados al ostracismo por una retórica divisiva. Esta exclusión no es solo una grave injusticia; es profundamente desestabilizadora. Como ha señalado el fundador de la WHF, Luis Gallardo, a partir de su larga experiencia en estudios de paz, la “fractura entre quiénes somos y cómo se nos permite ser” suele ser la causa fundamental del malestar. En las zonas de conflicto de todo el mundo, “la supresión de la identidad se convierte en una violencia lenta que infecta a generaciones”: negar a las personas el derecho a pertenecer sembró semillas de ira, desesperación y resistencia que pueden estallar en conflicto. La historia de Myanmar lo confirma: las políticas y narrativas que se negaron a reconocer a los Rohingya como una comunidad indígena merecedora de derechos crearon profundos agravios y una sensación de amenaza existencial para esa comunidad. Del mismo modo, otros grupos étnicos de Myanmar han luchado durante décadas en gran medida porque sentían que sus identidades, lenguas y autonomía estaban siendo asaltadas por un estado centralizador. Invertir esta dinámica es primordial.

La World Happiness Foundation aboga por un futuro en el que la diversidad de Myanmar se celebre como su fuerza, no como un problema que deba resolverse. Con este fin, instamos a la conferencia y a la comunidad internacional a presionar para que Myanmar (y cualquier futuro gobierno allí) asuma compromisos concretos sobre la integración social y la dignidad humana de todas las minorías. Esto incluye, ante todo, la restauración de la ciudadanía y los derechos legales de los Rohingya. Sin ciudadanía o algún estatus legal seguro, los Rohingya no pueden formar parte genuina de la sociedad de Myanmar. Apoyamos los llamamientos para derogar o enmendar la Ley de Ciudadanía de 1982 para garantizar que sea inclusiva y no discriminatoria. El reconocimiento de la identidad de los Rohingya –incluyendo el uso del nombre “Rohingya” en sí mismo, que con demasiada frecuencia ha sido un punto de fricción– es crucial para restaurar la dignidad. Las personas deben poder identificarse a sí mismas; como afirma un principio de paz, “todo el mundo tiene derecho a ser quien es, abiertamente y sin miedo”.

La integración no significa asimilación forzada; significa construir una unión donde múltiples identidades coexistan con respeto mutuo. Como enseña el enfoque del Camino Medio en el contexto tibetano, una solución justa “no pide la independencia, ni acepta la dominación; pide, en cambio, una relación, un reconocimiento, un espacio para respirar como uno mismo dentro del contenedor compartido del todo”. Para Myanmar, esto se traduce en conceder a las minorías una autonomía auténtica en la gestión de sus asuntos (en consonancia con una estructura democrática federal) manteniendo al mismo tiempo la nación intacta. Significa proteger por ley las lenguas, culturas y religiones de los grupos minoritarios e involucrar a esos grupos en la gobernanza. Específicamente para los Rohingya, la integración implicará garantizar su seguridad y sus derechos en el estado de Rakhine y dondequiera que residan, asegurando que tengan representación en el gobierno local, acceso a los servicios y libertad de movimiento como cualquier otro ciudadano. Las comunidades que acogen a los refugiados que retornan deben ser involucradas pronto con educación para la paz y programas contra la discriminación para facilitar la reintegración y prevenir un resurgimiento de la hostilidad.

También enfatizamos la necesidad de la inclusión económica y social como parte de la integración. Las zonas Rohingya de Rakhine estaban entre las más pobres incluso antes del éxodo de 2017, y esas condiciones han empeorado. Muchas regiones minoritarias de Myanmar (Chin, Kachin, Shan, etc.) también han sufrido el subdesarrollo, a menudo exacerbado por el conflicto. Una paz integral debe abordar las cuestiones de la pobreza, los derechos sobre la tierra y el desarrollo en estas zonas, no como algo secundario, sino como componentes centrales. Por lo tanto, pedimos un plan de desarrollo apoyado internacionalmente para el estado de Rakhine y otras regiones asoladas por el conflicto, vinculado a hitos en el proceso de paz. Este plan debe contar con la participación de los Rohingya y de otros líderes locales en su diseño, centrándose en la reconstrucción de infraestructuras (viviendas, escuelas, clínicas), la recuperación de los medios de subsistencia (agricultura, pesca, pequeñas empresas) y la creación de empleo tanto para los retornados como para los residentes actuales. Semejante inversión no solo mejorará las condiciones de vida, sino que también mostrará a las comunidades escépticas que el regreso de los Rohingya es una situación en la que todos ganan, aportando recursos y oportunidades que benefician a todos. Puede reducir la percepción de competencia por recursos escasos que a menudo alimenta las tensiones interétnicas.

Un aspecto esencial de la integración social es combatir el discurso de odio y los prejuicios. La demonización de los Rohingya no se produjo en el vacío: fue propagada durante años por elementos ultranacionalistas y, lamentablemente, incluso por algunos funcionarios, envenenando las mentes de parte de la población. Instamos a que se tomen medidas firmes para contrarrestar el discurso de odio en Myanmar. Esto podría incluir campañas de información pública sobre la coexistencia pacífica, acciones legales contra la incitación (en línea con las normas internacionales de libertad de expresión) y el empoderamiento de voces moderadas (como monjes budistas, activistas de la sociedad civil y educadores que apoyan el pluralismo) para liderar la narrativa de unidad. La educación desempeñará un papel fundamental: los planes de estudio escolares y la educación cívica deberían enseñar la historia y las contribuciones culturales de todos los pueblos de Myanmar, fomentando una identidad nacional que sea inclusiva en lugar de excluyente.

Para aquellos Rohingya que finalmente decidan regresar, se debe garantizar la seguridad y la igualdad de protección. Esto implica el despliegue de fuerzas de seguridad imparciales (posiblemente con observadores internacionales o asistencia de la ONU) para proteger a las comunidades retornadas, y la creación de comités locales de resolución de disputas para gestionar pacíficamente cualquier fricción que surja. El objetivo debe ser crear un clima en el que una familia Rohingya que regrese a Rakhine se sienta tan segura como una familia budista Rakhine que vive allí, donde ambas comunidades confíen en que la ley y las autoridades las protegerán de forma justa. Solo cuando prevalezcan tales condiciones, el retorno será verdaderamente voluntario, seguro y digno, como insiste acertadamente la resolución de la ONU.

En resumen, la integración consiste en pertenecer. Imaginamos un Myanmar donde una joven Rohingya pueda soñar con ser médica o maestra y tener realmente la oportunidad de lograrlo; donde sus derechos sean defendidos por su gobierno; donde pueda hablar su lengua en casa y el birmano en público sin miedo; y donde pueda caminar por la calle sin enfrentarse al odio. Del mismo modo, imaginamos que todos los demás niños de las minorías –Kachin, Karen, Shan, Chin, Mon, Kayah y Bamar (la mayoría birmana) por igual– crezcan en una sociedad donde la diversidad sea normal y respetada. Esa visión de unidad en la diversidad sustenta la Paz Fundamental que buscamos. Se alinea con nuestra creencia de que la libertad, la conciencia y la felicidad deben compartirse entre individuos y sistemas. Un Myanmar en paz consigo mismo –integrado, justo y que acoja a toda su gente– no solo pondrá fin a la crisis Rohingya, sino que desbloqueará el potencial para el florecimiento humano que durante tanto tiempo ha sido reprimido por el conflicto y el miedo.

Cultivar la Paz Interior y el Bienestar Mental

La paz en la sociedad se refleja en la paz interior de los individuos. La World Happiness Foundation aboga firmemente por la integración de prácticas de paz interior y apoyo al bienestar mental como parte de la solución a la crisis Rohingya. Debemos reconocer que años de violencia, desplazamiento e incertidumbre no solo han destruido infraestructuras e instituciones, sino que también han golpeado corazones y mentes. Sanar y empoderar a las personas desde dentro es fundamental para que se conviertan en agentes de paz en lugar de víctimas de las circunstancias. Esto significa invertir en educación, salud mental y bienestar comunitario con la misma urgencia que en los esfuerzos diplomáticos y de seguridad.

Una recomendación clave del trabajo global por la paz de nuestra Fundación es la integración de planes de estudio de Paz y Felicidad en los sistemas educativos para cultivar la paz interior, la compasión y la empatía. Instamos a las partes interesadas a considerar la incorporación de tales enfoques tanto en Myanmar como entre las comunidades de refugiados. En la práctica, esto podría adoptar la forma de programas especiales de “educación para la paz” en los campos de refugiados, planes de estudio informados por el trauma en las escuelas y talleres informales para adultos. A los niños y jóvenes, en particular, se les deben dar herramientas para afrontar el trauma y rechazar el odio. Aplaudimos los esfuerzos que ya se están realizando en los campos; por ejemplo, UNICEF y las ONG han establecido centros de aprendizaje para niños Rohingya que incluyen actividades psicosociales. Estos esfuerzos deberían ampliarse y enriquecerse con contenidos que enseñen habilidades socioemocionales, mindfulness y comunicación no violenta.

Cuando los niños aprenden a gestionar la ira, a empatizar con los demás y a resolver las disputas de forma pacífica, llevan esas habilidades a la edad adulta, convirtiéndose en pilares de una comunidad más armoniosa. Como prueba del impacto, observamos que en lugares tan distantes como Bután y Delhi, India, la introducción de clases de “felicidad” y mindfulness en las escuelas ha dado resultados positivos en el comportamiento de los estudiantes y en su rendimiento académico. Asimismo, los profesores pueden ser formados como embajadores de la paz y el bienestar, equipados con métodos de enseñanza informados por el trauma para apoyar a los alumnos que han vivido situaciones de violencia. WHF propone explorar una Coalición Global para la Educación de la Paz –una asociación bajo el auspicio de la UNESCO que reúna a gobiernos y ONG– para compartir las mejores prácticas y posiblemente desarrollar una certificación global en educación para la paz. Myanmar y Bangladesh (para el contexto de los refugiados) podrían ser países prioritarios para programas piloto, dada la agobiante necesidad.

Para los adultos y las comunidades, cultivar la paz interior implica crear espacios y oportunidades para la reflexión, el diálogo y el apoyo psicológico. Recomendamos establecer centros comunitarios de sanación en las zonas afectadas por el conflicto, tanto dentro de Myanmar como en los asentamientos de refugiados. Estos centros podrían ofrecer asesoramiento, sesiones de meditación o de oración (basándose en las tradiciones espirituales budistas, islámicas y otras tradiciones de paz presentes en las comunidades), terapia de grupo y actividades culturales que restauren la sensación de normalidad y esperanza. También pueden organizar talleres sobre el perdón y la gestión del estrés, ayudando a los miembros de la comunidad a procesar su ira y su duelo de forma saludable. En los campos de refugiados de Cox’s Bazar, algunas iniciativas han puesto en marcha jardines comunitarios y sesiones de arteterapia para mejorar la salud mental; son herramientas sencillas pero poderosas para reducir la ansiedad y la depresión. Animamos a los donantes a financiar este apoyo psicosocial como un componente central de la ayuda humanitaria, y no como un lujo secundario, porque la salud mental es tan importante como la salud física para la resiliencia de una comunidad.

La paz interior engendra la paz exterior. Cuando los individuos aprenden a encontrar la calma y la bondad dentro de sí mismos, esto se irradia hacia afuera en su forma de tratar a los demás. Un ejemplo sorprendente proviene de un alumno que participó en una clase de “Felicidad” basada en el mindfulness: “Cuando me siento en paz por dentro, tengo ganas de hacer felices a los demás también”, dijo el niño. Esta sencilla afirmación resume el efecto dominó que buscamos. Al cultivar la paz interior, especialmente entre la juventud, sembramos las semillas de una sociedad futura que se incline de forma natural hacia el alejamiento del conflicto y hacia la compasión. Por ello, pedimos a los líderes y educadores de Myanmar (y a quienes apoyan a los refugiados en Bangladesh) que impulsen iniciativas como clubes de paz, diálogos interreligiosos, deportes para la paz y formación en mindfulness. Todo ello no solo ayuda a las personas a sobrellevar el presente, sino que también construye los “baluartes de la paz” en la mente de las personas, cumpliendo la visión de los fundadores de la UNESCO.

Además, abordar el bienestar mental significa combatir la desesperación y la falta de esperanza. Muchos refugiados Rohingya sienten que sus vidas están en suspenso indefinidamente, lo que lleva a algunos a arriesgarse en peligrosos viajes en barco. Muchos dentro de Myanmar se sienten atrapados entre un ejército represivo y el conflicto armado. Debemos restaurar la esperanza. La esperanza puede fomentarse a través de la educación y los medios de subsistencia. Por lo tanto, es vital mantener la educación de los niños (tanto en los campos como para los niños desplazados internos y afectados por el conflicto en Myanmar) y proporcionar a los jóvenes formación profesional. Las manos ociosas y las mentes ociosas son terreno fértil para la frustración y la radicalización. Por el contrario, cuando una persona joven está aprendiendo, creando o ganando un sustento, recupera el sentido de agencia sobre su futuro. Observamos con preocupación que la falta de fondos está amenazando los servicios en los campos; por ejemplo, se han recortado las raciones de comida y la educación de decenas de miles de niños está en peligro. La comunidad internacional no debe permitir que eso ocurra; apoyar las necesidades básicas y la educación de los refugiados no es solo un deber humanitario, sino también una estrategia de construcción de paz, que evita una generación perdida.

En Myanmar, alentamos a integrar la educación para la paz y la felicidad en los planes de estudio nacionales como parte de cualquier reforma a largo plazo. Imaginemos que todas las escuelas de Myanmar enseñaran a los niños el respeto mutuo, la meditación, la inteligencia emocional y el valor de la diversidad; la próxima generación podría romper fundamentalmente con los prejuicios y el miedo que alimentaron los conflictos del pasado. Se trata de una labor a largo plazo, pero incluso medidas provisionales como los diálogos comunitarios y la difusión de mensajes positivos a través de los medios de comunicación pueden cambiar las actitudes. Los medios de comunicación y las instituciones religiosas, en particular, deben participar como socios para promover narrativas de unidad y sanación. Las campañas en radio, televisión y redes sociales que muestren historias de amistad interétnica, o que expliquen los beneficios de la paz para la prosperidad de todos, pueden sustituir gradualmente a las narrativas de división.

En última instancia, el bienestar mental y la paz interior son el suelo en el que crecen las semillas de la paz externa. Cuidando ese suelo –a través de la educación, el apoyo psicológico y el enriquecimiento cultural– los Rohingya y todo el pueblo de Myanmar estarán mejor preparados para cultivar la reconciliación y la coexistencia cuando las condiciones políticas lo permitan. Imaginamos comunidades donde el mindfulness y la compasión sean tan comunes como la escolarización y la oración; donde la gente tenga las herramientas emocionales para resistir el odio; y donde la felicidad y la paz no se reconozcan como ideales triviales, sino como necesidades prácticas para una nación estable. La World Happiness Foundation está dispuesta a apoyar y colaborar en cualquier iniciativa que sitúe la salud mental y el desarrollo interior en la vanguardia de los esfuerzos por la paz.

Perdón y Reconciliación

El perdón es el núcleo de toda paz duradera. Al centrarnos en la justicia y los derechos, también debemos apelar a la capacidad del espíritu humano para trascender la ira y la venganza. La historia de los Rohingya y de otras minorías en Myanmar está llena de dolor y de una indignación justificada; y, sin embargo, si esta historia ha de tener un nuevo capítulo de paz, debe escribirse con la tinta del perdón y la reconciliación. La World Happiness Foundation reconoce que perdonar injusticias graves es una de las peticiones más difíciles que se pueden hacer a cualquier pueblo. El perdón no significa olvidar, ni significa que se excusen los males cometidos. Más bien, el perdón es una liberación del asimiento del odio: libera a los oprimidos de ser definidos para siempre por las atrocidades que sufrieron, y elimina el combustible que el odio proporciona al conflicto en curso. En términos prácticos, el perdón abre la puerta para que los antiguos adversarios trabajen juntos en la reconstrucción.

Para los Rohingya, el concepto de perdón podría significar, con el tiempo, estar dispuestos a vivir junto a quienes una vez les hicieron daño (si esos perpetradores se arrepienten sinceramente). Para los budistas Rakhine y otros en Myanmar, podría significar superar el miedo o el resentimiento hacia los Rohingya, reconociéndolos como hermanos y hermanas en lugar de “extraños”. Para la comunidad internacional, significa ayudar a crear las condiciones donde dicho perdón sea posible –a través de la justicia, la seguridad y el diálogo– y no exigirlo prematuramente. El perdón puede alimentarse mediante pequeños actos de reconciliación: un antiguo soldado pidiendo perdón públicamente a una familia de refugiados, una ceremonia comunitaria para honrar a las víctimas de todos los bandos, o proyectos de servicio conjunto en los que jóvenes de distintos grupos reconstruyan un mercado o planten árboles juntos. Estos actos, aunque simbólicos, tienen un peso profundo en la curación de las cicatrices psicológicas.

Nos inspiramos en lugares que han recorrido este camino. En Sierra Leona, tras el conflicto, por ejemplo, muchas comunidades celebraron ceremonias en las que los excombatientes pidieron perdón y fueron acogidos ritualmente de nuevo. En Irlanda del Norte, las comunidades protestante y católica, tras décadas de violencia, crearon consejos intercomunitarios e iniciativas para compartir sus historias; escuchar los dolorosos relatos de los otros ayudó a romper la demonización. Es importante destacar que la reconciliación es una calle de doble sentido: implica tanto la voluntad de las víctimas de perdonar como la voluntad de los perpetradores (o de sus comunidades) de mostrar remordimiento y reparar el daño. Ya hemos hecho hincapié en la necesidad de la búsqueda de la verdad y de las reparaciones; estos son requisitos previos para un perdón significativo. Una madre que perdió a su hijo no puede perdonar si se niega la pérdida o si los responsables siguen amenazándola. Pero si los responsables reconocen su dolor y se hace justicia de alguna forma, su corazón puede encontrar espacio para dejar atrás la venganza.

En el contexto de Myanmar, la reconciliación también dependerá de la reintegración de los retornados y los excombatientes. Prevemos, y de hecho defendemos, que algún día los refugiados Rohingya regresen a sus hogares. Cuando lo hagan, y cuando se logren acuerdos de paz con diversos grupos armados en las zonas étnicas de Myanmar, habrá antiguos combatientes de todos los bandos que necesitarán reintegrarse en la vida civil pacífica. Los programas de Desarme, Desmovilización y Reintegración (DDR) deberían incorporar componentes de reconciliación; por ejemplo, el servicio comunitario de los excombatientes como forma de restitución, y diálogos en los que puedan expresar su arrepentimiento y buscar la aceptación de sus comunidades. Del mismo modo, los refugiados que retornen deben estar preparados (a través de programas de orientación en los campos, por ejemplo) para la realidad de que reconstruir la confianza lleva tiempo, y que inicialmente pueden encontrarse con sospechas u hostilidad. Será importante dotarles de habilidades para la resolución de conflictos y de la fuerza emocional necesaria para afrontar la adversidad con calma. Una vez más, la formación en paz interior y la sanación del trauma son complementarias a la reconciliación.

También subrayamos el papel de los valores religiosos y culturales en el perdón. Tanto el islam como el budismo, las principales religiones en juego en la crisis de los Rohingya, tienen ricas enseñanzas sobre la compasión y el perdón. El concepto musulmán de rahma (misericordia) y la enseñanza de que “quien perdona y se reconcilia, su recompensa está con Alá” pueden inspirar a los musulmanes Rohingya a elegir el perdón como una fuerza, no como una debilidad. En el budismo, el principio de metta (bondad amorosa) y el entendimiento de que el odio nunca se apacigua con el odio (como enseña el Dhammapada) pueden guiar a los budistas de Myanmar a abandonar la enemistad. Alentamos las iniciativas interreligiosas en las que imanes, monjes, sacerdotes y otros líderes religiosos se unan para dar ejemplo de perdón e instar a sus comunidades a abrazar la paz. Un liderazgo moral de este tipo puede tener una influencia poderosa, especialmente en la sociedad profundamente religiosa de Myanmar.

Por último, queremos destacar que el perdón beneficia al que perdona. Aferrarse a la rabia y al deseo de venganza es una pesada carga; prolonga el trauma psicológico infligido por el agravio original. Por el contrario, perdonar puede ser una forma de autocuidado y de liberación. Permite a los individuos y a las comunidades mirar hacia adelante en lugar de permanecer atrapados en el pasado. En palabras de Nelson Mandela, que perdonó a sus opresores tras 27 años de cárcel, “El resentimiento es como beber veneno y esperar que mate a tus enemigos.” Los Rohingya y otros grupos perseguidos merecen la oportunidad no solo de sobrevivir, sino de vivir y prosperar verdaderamente; para ello será necesario despojarse de una amargura comprensible cuando llegue el momento oportuno. A través del perdón, pueden afirmar el control sobre su propia narrativa: Somos más que lo que nos hicieron; elegimos nuestro futuro y elegimos la paz.

La World Happiness Foundation está dispuesta a apoyar los esfuerzos de reconciliación, desde iniciativas de alto nivel hasta campamentos de paz en las bases. Instamos a que el resultado de esta conferencia no solo trace soluciones políticas y humanitarias, sino que también invierta en el proceso de reconciliación humana, posiblemente el aspecto más difícil, pero también más reconfortante, de la paz. Pongamos fondos y apoyo a disposición de los comités de paz locales, los intercambios culturales y las visitas intercomunitarias (imaginemos a jóvenes activistas Rohingya y Rakhine asistiendo juntos a talleres). Asegurémonos de que la reconciliación y el perdón se consideren virtudes, no cuestiones secundarias, en la búsqueda del fin de esta crisis. Si logramos eso, Myanmar podrá transformar este oscuro capítulo en una historia de esperanza, una en la que antiguos enemigos reconstruyan de la mano una nación que tenga sitio para todos.

Conclusión: Un Llamado a la Paz Fundamental

En conclusión, la World Happiness Foundation afirma que el único camino viable para Myanmar es aquel pavimentado con no violencia, justicia, sanación e inclusión. Hemos esbozado un enfoque basado en lo que denominamos Paz Fundamental –un enfoque que une el trabajo exterior de cambio político y social con el trabajo interior de sanación personal y comunitaria. Mientras esta Conferencia de Alto Nivel reúne a líderes internacionales, funcionarios de la ONU y voces de las comunidades afectadas, les instamos a ser audaces en sus compromisos. El mundo no debe apartar la mirada del sufrimiento de los Rohingya y otras minorías, ni conformarse con medias tintas. Ha llegado el momento de un plan integral que aborde en tándem la seguridad, los derechos humanos, el desarrollo y la reconciliación.

Nuestra Fundación presenta las siguientes recomendaciones clave a la Conferencia y a la comunidad internacional, derivadas de nuestros principios y del análisis anterior:

  • Renunciar a la Violencia y Priorizar el Diálogo: Todas las partes interesadas deben comprometerse formalmente a resolver la crisis de los Rohingya únicamente por medios pacíficos, bajo los auspicios de la ONU. Fomentar una nueva resolución o declaración de la ONU que subraye la no violencia en la resolución de conflictos en Myanmar y exija el fin inmediato de las ofensivas militares y los abusos de los derechos humanos. Intensificar los esfuerzos de mediación (por ejemplo, empoderando a mediadores regionales o a un mediador especial de la ONU) para lograr que todas las partes hablen.
  • Implementar la Justicia con Sanación: Establecer mecanismos para la verdad y la reconciliación –como una Comisión de la Verdad para Myanmar– para abordar los agravios de los Rohingya y otras minorías. Incluir proyectos de reconciliación basados en la comunidad y programas de justicia restaurativa (foros para compartir la verdad, planes de reparaciones e iniciativas de reintegración) en cualquier hoja de ruta para la paz. Garantizar la rendición de cuentas de los perpetradores de atrocidades a través de los canales legales apropiados (nacionales o internacionales), permitiendo al mismo tiempo el espacio para la amnistía en casos de remordimiento genuino para animar a los combatientes a deponer las armas.
  • Garantizar Derechos e Inclusión: Presionar para que Myanmar restaure la plena ciudadanía a los Rohingya y defienda los derechos de todas las minorías étnicas y religiosas. Cualquier acuerdo debe consagrar protecciones para las minorías, derogar las leyes discriminatorias y trazar los pasos para el retorno seguro, voluntario y digno de los refugiados. Apoyar la elaboración de un plan con plazos definidos (como han pedido Bangladesh y otros países) para la repatriación y la reintegración, supeditado a garantías de seguridad y derechos. Alentar a Myanmar a avanzar hacia una democracia federal pluralista en la que todas las comunidades tengan representación y voz.
  • Apoyo Humanitario y Salud Mental: Reforzar inmediatamente la ayuda humanitaria a los refugiados Rohingya y a las poblaciones afectadas por el conflicto dentro de Myanmar; la alimentación, la atención sanitaria, el refugio y la educación flaquean debido a los déficits de financiación. Los donantes deben evitar un mayor deterioro de las condiciones de vida que podría engendrar desesperación. Integrar el apoyo mental y psicosocial en los programas de ayuda: financiar el asesoramiento sobre el trauma, crear espacios seguros para mujeres y niños y formar a trabajadores de salud mental comunitarios. Curar el trauma ahora reportará beneficios en estabilidad más tarde.
  • Educación para la Paz y Construcción de la Comunidad: Invertir en educación para la paz y en campañas públicas para combatir el odio y fomentar el entendimiento. Tanto en los campos de refugiados como en las escuelas de Myanmar, introducir planes de estudio que enseñen la empatía, la comunicación no violenta y el valor de la diversidad. Apoyar las iniciativas de base –clubes de paz juveniles, diálogos interreligiosos, intercambios culturales– que construyan relaciones más allá de las fronteras étnicas. El objetivo es preparar el terreno para la reconciliación moldeando las actitudes hoy. Como observó sabiamente la UNESCO, debemos construir “los baluartes de la paz” en la mente de las personas.

La World Happiness Foundation cree que, mediante la aplicación de estas medidas, la comunidad internacional y el pueblo de Myanmar pueden crear conjuntamente las condiciones para una paz duradera. No subestimamos los retos que tenemos por delante. Sin embargo, mantenemos la esperanza, porque hemos visto en todo el mundo que incluso los conflictos más prolongados pueden encontrar solución cuando la humanidad elige el valor frente al miedo y la compasión frente al prejuicio.

Luis Miguel Gallardo, nuestro Fundador, nos recuerda a menudo que tenemos la responsabilidad no solo de poner fin a las guerras, sino de construir un mundo en el que la felicidad y la paz sean derechos humanos fundamentales. En sus palabras: “Juntos, hagamos de la paz, en todas sus dimensiones, nuestro legado para las generaciones futuras”. Se lo debemos a los niños rohingya de los campos, a la juventud étnica de las tierras altas de Myanmar y a cada padre y madre que anhela un futuro seguro: hacer realidad esta visión.

Mientras la Asamblea General de las Naciones Unidas se reúne para abordar esta crisis, la World Happiness Foundation se solidariza y se declara dispuesta a aportar nuestra voz, nuestra experiencia y nuestro compromiso inquebrantable con la Paz Fundamental. Avancemos con amor, sabiduría y determinación, para que en un futuro próximo podamos celebrar un Myanmar (y un mundo) donde cada comunidad viva libre de miedo, y donde la paz y la felicidad sean verdaderamente compartidas por todos.


Resumen:

La World Happiness Foundation (WHF) aplaude la Conferencia de Alto Nivel de la ONU sobre la crisis de los Rohingya e insta a una resolución arraigada en la no violencia, la sanación y la inclusión. Insistimos en que los conflictos de los Rohingya y otros conflictos en Myanmar son “solucionables mediante el diálogo” –no mediante la fuerza– y que la paz es inseparable de la felicidad humana. La WHF pide a todas las partes que renuncien a la violencia y abracen la diplomacia. El fin inmediato de las atrocidades militares es esencial para el retorno voluntario, seguro y digno de los refugiados.

Fundamentalmente, abogamos por un enfoque informado por el trauma: abordar las heridas profundas mediante la verdad y la reconciliación. En lugar de venganza, priorizar una “justicia que sana” –búsqueda de la verdad, perdón, reparaciones– para que las comunidades puedan sanar. Instamos a que se cree una comisión de la verdad en Myanmar y diálogos locales para fomentar el perdón y romper los ciclos del odio.

La paz a largo plazo exige la integración social de las minorías con plenos derechos. Los Rohingya deben recuperar su ciudadanía y su igualdad; Myanmar debe celebrar su diversidad, no suprimirla. El desarrollo y la educación contra el odio deben apoyar la reintegración.

Por último, destacamos el cultivo de la paz interior mediante la educación y el apoyo a la salud mental. Una educación para la paz que fomente la empatía y la resiliencia ayudará a las nuevas generaciones a rechazar el odio. En resumen, el mensaje de la WHF es claro: a través de la no violencia, la compasión y la humanidad compartida –lo que llamamos Paz Fundamental–, Myanmar puede sanar y asegurar un futuro feliz y pacífico para todos.

Referencias:

Posición central y declaración anterior de la World Happiness Foundation

  1. World Happiness Foundation – Un Llamado a la Paz: El Fin de las Guerras y el Respeto al Derecho Internacional
    https://worldhappiness.foundation/blog/leadership/world-happiness-foundation-response-to-a-call-for-peace-the-end-of-wars-and-respect-for-international-law/

No violencia, construcción de paz y diálogo

  1. Resolución A/RES/79/278 de la Asamblea General de las Naciones Unidas (sobre la crisis de los Rohingya y las minorías en Myanmar)
    https://undocs.org/en/A/RES/79/278
  2. Conferencia de Alto Nivel de la ONU sobre la Situación de los Musulmanes Rohingya y otras minorías en Myanmar – Página del Evento
    https://indico.un.org/event/1019343/
  3. Constitución de la UNESCO – “Puesto que las guerras nacen en la mente de los hombres…”
    https://en.unesco.org/about-us/introducing-unesco
  4. Martin Luther King Jr. – No violencia: El único camino hacia la libertad (Discurso)
    https://kinginstitute.stanford.edu/king-papers/documents/nonviolence-only-road-freedom
  5. Gene Sharp – De la Dictadura a la Democracia
    https://www.aeinstein.org/books/from-dictatorship-to-democracy/

Construcción de paz y justicia informada por el trauma

  1. Naciones Unidas – Nota orientativa sobre reparaciones por violencia sexual relacionada con el conflicto
    https://www.un.org/sexualviolenceinconflict/wp-content/uploads/2020/11/report/reparations-guidance-note/Guidance-Note-Reparations.pdf
  2. Comisión para la Verdad y la Reconciliación de Sudáfrica
    https://www.justice.gov.za/trc/
  3. Tribunales Gacaca en Ruanda – Resumen Oficial
    https://www.un.org/en/preventgenocide/rwanda/gacaca.shtml
  4. Centro Internacional para la Justicia Transicional – Justicia Restaurativa
    https://www.ictj.org/our-work/transitional-justice-issues/reparations
  5. OMS – Salud mental y bienestar psicosocial en situaciones de emergencia
    https://www.who.int/news-room/fact-sheets/detail/mental-health-in-emergencies

Paz interior, educación para la felicidad y sanación emocional

  1. Filosofía de la Felicidad Nacional Bruta de Bután
    https://www.grossnationalhappiness.com/
  2. UNESCO MGIEP – Aprendizaje socioemocional para la paz
    https://mgiep.unesco.org/sel
  3. Curriculum de Felicidad en las escuelas de Delhi
    https://www.happinesscurriculum.delhi.gov.in/
  4. World Happiness Report (Informe Mundial sobre la Felicidad)
    https://worldhappiness.report/
  5. World Happiness Foundation – Happytalism: un nuevo paradigma para el progreso humano
    https://worldhappiness.foundation/blog/happytalism/happytalism-a-new-paradigm-for-human-progress/

Integración, Ciudadanía y Derechos Humanos

  1. ACNUDH – Apatridia y discriminación de los Rohingya
    https://www.ohchr.org/en/statements/2022/08/five-years-after-rohingya-exodus-un-human-rights-chief-calls-sustainable-solutions
  2. ACNUR – Condiciones para el retorno seguro y voluntario de los refugiados Rohingya
    https://www.unhcr.org/news/unhcr-welcomes-renewed-efforts-create-conditions-rohingya-return
  3. Caso ante la CIJ – Gambia contra Myanmar (Caso sobre genocidio)
    https://www.icj-cij.org/en/case/178
  4. Informe de la Misión internacional independiente de investigación sobre Myanmar (Consejo de Derechos Humanos de la ONU)
    https://www.ohchr.org/en/hr-bodies/hrc/myanmar-ffm/index

Narrativas de esperanza, resiliencia y sanación

  1. Mandela, N. (1994). Long Walk to Freedom: The Autobiography of Nelson Mandela
    https://www.amazon.com/Long-Walk-Freedom-Autobiography-Mandela/dp/0316548189
  2. Thich Nhat Hanh – El milagro del mindfulness / La paz está en cada paso
    https://www.parallax.org/product/peace-is-every-step/
  3. Enfoque del Camino Medio del Dalai Lama para la paz en el Tíbet (aplicable como inspiración)
    https://www.dalailama.com/messages/tibet/middle-way-approach

Field notes to your inbox

Stay connected to the shift.

Monthly essays from the Observatory, invitations to Fests and Academy cohorts. Written from abundance — never urgency.

What would you like to hear about? (optional)
Keep walking

One essay a week. One invitation at a time.

From the Observatory, the Fest and the Academy — to your inbox.