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Declaración de la World Happiness Foundation sobre el ODS 15: Armonía entre Especies y Biodiversidad

Introducción: La naturaleza como nuestra familia extendida. La vida de ecosistemas terrestres (Objetivo de Desarrollo Sostenible 15 de las Naciones Unidas) se sitúa en el núcleo de un planeta sano y una felicidad sostenible. Durante las últimas décadas, la comunidad global ha dado algunos pasos: se ha puesto más tierra bajo protección (casi el 17% para 2

21 de agosto de 2025·Luis Miguel Gallardo·29 min de lectura

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Introducción: La naturaleza como nuestra familia extendida

La vida de ecosistemas terrestres (Objetivo de Desarrollo Sostenible 15 de las Naciones Unidas) se sitúa en el núcleo de un planeta sano y una felicidad sostenible. Durante las últimas décadas, la comunidad global ha dado algunos pasos –se ha puesto más tierra bajo protección (casi el 17% para 2020, cumpliendo un objetivo clave de Aichi)– y los países acordaron recientemente conservar el 30% de la tierra y el agua de la Tierra para 2030 bajo el Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal. Sin embargo, la biodiversidad de nuestro planeta sigue en crisis. Las poblaciones de vida silvestre se han desplomado en un promedio del 69% desde 1970, y aproximadamente 1 millón de especies están en riesgo de extinción en décadas a menos que cambiemos de rumbo. Cada año, se siguen talando unos 10 millones de hectáreas de bosque –un área del tamaño de Portugal–, destruyendo hábitats vitales y sumideros de carbono. Estas tendencias alarmantes han situado la pérdida de biodiversidad entre los principales riesgos globales para la próxima década, junto con el cambio climático y el clima extremo. De hecho, el mundo está fuera de rumbo respecto al ODS 15, y el declive de la naturaleza socava el progreso en múltiples frentes. El informe de progreso de los ODS de la ONU de 2023 advierte que los objetivos sobre hambre, salud y biodiversidad (ODS 2, 3, 14, 15) se están estancando o retrocediendo. La ciencia es clara: sin una acción urgente para proteger la naturaleza, ponemos en peligro no solo la vida silvestre sino el bienestar humano y toda la Agenda 2030 –un análisis revela que la degradación continua del clima y los ecosistemas podría socavar el 80% de las metas de los ODS relacionadas con la pobreza, el hambre, la salud, el agua, las ciudades y más.

La World Happiness Foundation (WHF) considera que el ODS 15 es absolutamente crítico porque la felicidad de la humanidad y la prosperidad futura dependen de vivir en armonía con nuestra familia extendida de la vida. En nuestro paradigma del “Happytalism,” medimos el éxito social por el bienestar de todos los miembros de la comunidad de la Tierra, tanto humanos como no humanos. Este espíritu refleja nuestra creencia de que todas las especies tienen un valor intrínseco y el derecho a prosperar. Como enfatiza Luis Miguel Gallardo, nuestro fundador, el Happytalism destaca “la interdependencia de las especies y la interconexión con la naturaleza y el planeta”. Los seres humanos no están separados de la red de la vida; más bien, nuestro destino es inseparable del de los bosques, los animales y los ecosistemas. Las buenas vidas humanas requieren, en última instancia, un mundo natural próspero. Por lo tanto, alcanzar el ODS 15 no es un problema ambiental aislado: es fundamental para un mundo más feliz, saludable y ético para todos. Reimaginamos el ODS 15 como “Armonía entre Especies y Biodiversidad,” una visión positiva donde el progreso humano nunca se produce a expensas de otros seres vivos. En esta visión, vamos más allá de simplemente detener la pérdida de biodiversidad: promovemos activamente un paradigma de igualdad entre especies, protegiendo y restaurando la vida silvestre y los hábitats como parte de nuestra familia. Al cuidar de la naturaleza como parientes, defendemos tanto la salud planetaria como la felicidad humana, encarnando nuestro credo de que cuando la naturaleza prospera, las personas prosperan.

Armonía entre Especies y Biodiversidad: Una Visión Multidimensional del ODS 15

El ODS 15 (“Vida de ecosistemas terrestres”) se define tradicionalmente como un llamado a las naciones para proteger, restablecer y promover el uso sostenible de los ecosistemas terrestres, gestionar los bosques de forma sostenible, luchar contra la desertificación, detener e invertir la degradación de las tierras y detener la pérdida de biodiversidad. La World Happiness Foundation suscribe incondicionalmente este mandato y lo expande reformulando el ODS 15 como “Armonía entre Especies y Biodiversidad.” Esta reformulación enfatiza una visión multidimensional y compasiva de nuestra relación con la naturaleza. Afirmamos que cada especie –desde los grandes elefantes y ballenas hasta la abeja polinizadora más pequeña– desempeña un papel único en el tejido de la vida, y cada una tiene un valor inherente más allá de su utilidad para los humanos. Un enfoque basado en la abundancia para el ODS 15 significa reconocer que proteger la naturaleza no es una carga de suma cero o una ocurrencia caritativa tardía, sino que es integral para el bienestar humano, la resiliencia y la alegría.

En esta visión de Armonía entre Especies, la humanidad se convierte en un guardián responsable y socio del resto de la vida en la Tierra. Pasamos de un viejo paradigma de dominación y extracción de recursos a uno de respeto, reciprocidad y restauración. Esto implica valorar los resultados cualitativos, no solo las metas cuantitativas. Por ejemplo, más allá de contar cuántas hectáreas de bosque se salvan de la deforestación, nos centramos en qué tan vibrante es el florecimiento de esos bosques y cómo sostienen a todos los que viven en ellos y a sus alrededores. El éxito se mide no solo en menos extinciones evitadas, sino en más ecosistemas restaurados a la abundancia: más cobertura forestal rebosante de vida silvestre, más humedales revividos, más tierras degradadas sanadas en verde fértil. Defendemos el concepto de “biofilia” en la política pública, infundiendo amor y reverencia por la naturaleza en la educación, la planificación urbana y la economía para que las personas crezcan sintiéndose conectadas con otros seres. En la práctica, esto significa apoyar iniciativas como espacios verdes urbanos y agricultura respetuosa con la biodiversidad, y reconocer a los pueblos indígenas y las comunidades locales como custodios de la sabiduría ecológica. También significa tratar el bienestar animal y la protección del hábitat como resultados clave de los proyectos de desarrollo, en lugar de externalidades. Al adoptar la armonía entre especies como meta, fomentamos una cultura que celebra la coexistencia sobre la explotación, donde un tigre salvaje próspero o una colonia de abejas sana se ven como un marcador de progreso tanto como un aumento en los ingresos humanos.

Nuestra perspectiva Happytalista afirma que toda vida es preciosa y al enriquecer la comunidad de la vida, enriquecemos también a la humanidad. Este enfoque se alinea con los movimientos globales emergentes para otorgar derechos legales a la naturaleza –desde ríos y bosques reconocidos como personas jurídicas, hasta naciones que adoptan la “civilización ecológica” en sus constituciones– que reflejan el mismo espíritu de igualdad y respeto por nuestras criaturas compañeras. La Armonía entre Especies y Biodiversidad exige leyes y economías que den cuenta del verdadero valor de los servicios ecosistémicos y las vidas animales, no solo de su valor material. Significa enseñar a nuestros hijos que un árbol vale más en pie que cortado, que un elefante vale más vivo que el marfil, y que nuestro círculo moral debe ampliarse para incluir a todos los seres sintientes. Al nutrir la empatía por otras especies, también profundizamos nuestra empatía mutua, creando una sociedad más compasiva en general. En resumen, reformular el ODS 15 de esta manera multidimensional lo transforma de una agenda técnica de conservación en una misión holística de desarrollo ético: una que integra ciencia, espiritualidad y sostenibilidad, y reconoce que la felicidad en la Tierra se compartirá, o no será.

Interconexión: La naturaleza en el corazón de todos los objetivos globales

Fundamentalmente, el ODS 15 está profundamente interconectado con los otros 16 Objetivos de Desarrollo Sostenible; el progreso o el fracaso en la “Vida de ecosistemas terrestres” repercute en toda la agenda de desarrollo sostenible. La salud de nuestros bosques, suelos y especies es el cimiento sobre el cual se asientan las sociedades humanas. Proteger la naturaleza es protegernos a nosotros mismos. Como han destacado los análisis de la ONU y WWF, el declive ambiental afecta negativamente a cada dimensión de los ODS y, si las tendencias actuales continúan, podría socavar la mayoría de las metas de los ODS en todo el mundo. Por el contrario, restaurar los ecosistemas puede catalizar avances en la reducción de la pobreza, la seguridad alimentaria, la salud, la estabilidad climática y la paz. Algunos ejemplos ilustran cómo salvaguardar la vida terrestre apoya el progreso en todos los ODS:

  • Fin de la Pobreza (ODS 1) – Cientos de millones de personas dependen directamente de los bosques, la pesca y los ecosistemas silvestres para su sustento, medicina y refugio. A menudo se llama a la naturaleza “el banco de los pobres”: una fuente de bienes y servicios gratuitos que amortiguan a los más vulnerables. Cuando los ecosistemas colapsan, son los pobres –especialmente las comunidades rurales e indígenas– quienes sufren primero y peor. Por ejemplo, la deforestación y la degradación de la tierra privan a los agricultores de subsistencia y a los recolectores de alimentos e ingresos, atrapándolos en la pobreza. Por el contrario, proteger la biodiversidad puede reducir la pobreza: los estudios muestran que empoderar los derechos de tierra indígenas y la forestería comunitaria conduce tanto a entornos más saludables como a mejores ingresos para los locales. El Banco Mundial afirma que “proteger el capital natural es fundamental para un desarrollo verdaderamente sostenible”, directamente ligado a la reducción de la pobreza y la prosperidad compartida. Sacar a las personas de la pobreza va de la mano con la conservación de los ecosistemas naturales que sustentan sus vidas: un ciclo de ganancia mutua.
  • Hambre Cero (ODS 2)La biodiversidad es la base de nuestra seguridad alimentaria. Una gama diversa de plantas, animales y polinizadores sustenta la agricultura global. Sin embargo, en el último siglo perdimos más del 90% de las variedades de cultivos y empujamos nuestras pesquerías al límite, estrechando las dietas y aumentando la vulnerabilidad a plagas, enfermedades y choques climáticos. Proteger la diversidad genética –en cultivos, ganado y especies silvestres– es esencial para criar variedades resilientes al clima y asegurar el suministro de alimentos a largo plazo. El 75% de los cultivos alimentarios del mundo dependen de polinizadores como abejas y mariposas, cuyo declive representa una amenaza directa para la nutrición. La conservación de los hábitats naturales también sustenta los alimentos silvestres (pescado, frutas, carne de caza) que proporcionan nutrientes clave para millones de personas. Además, los bosques y suelos sanos regulan el agua y el clima para la agricultura. Se estima que la degradación de la tierra y la pérdida de biodiversidad reducen la productividad alimentaria mundial en aproximadamente un 10%, contribuyendo a precios más altos y al hambre. En nuestra visión Happytalista de “Nutrición Holística,” nutrir a las personas debe incluir nutrir los ecosistemas que nos alimentan. Un sistema alimentario positivo para la naturaleza –agroforestería, agricultura regenerativa, diversificación de cultivos– no solo acaba con el hambre, sino que produce comunidades y paisajes más saludables. Al salvar semillas y polinizadores hoy, salvaguardamos el pan de nuestros hijos para el mañana.
  • Salud y Bienestar (ODS 3) – La salud humana depende en última instancia de la salud del planeta. La naturaleza proporciona la “farmacia” para gran parte de la medicina mundial, desde la quinina (fármaco contra la malaria) que proviene de la corteza de los árboles hasta la penicilina del moho. Unas 4.000 millones de personas dependen principalmente de remedios naturales y plantas medicinales para su atención de salud. Cuando las especies desaparecen, también podrían desaparecer futuras curas para enfermedades como el cáncer o nuevos antibióticos. Más allá de las medicinas, los ecosistemas intactos purifican el aire y el agua, y protegen a los humanos de las enfermedades. Aproximadamente el 75% de las enfermedades infecciosas emergentes (incluidas COVID-19, Ébola, SARS) son zoonóticas: saltan de los animales a los humanos, a menudo cuando la deforestación y el comercio de vida silvestre ponen a las personas en contacto con especies estresadas. Al destruir los bosques y la biodiversidad, aumentamos el riesgo de pandemias, una lección clara de los últimos años. Por el contrario, proteger la naturaleza puede prevenir enfermedades: un análisis histórico encontró que gastar aproximadamente entre $20.000 y $30.000 millones de dólares al año para frenar la deforestación y la explotación de la vida silvestre a nivel mundial reduciría significativamente el riesgo de pandemia, una inversión de solo el 2% del costo estimado de $11,5 billones que el COVID-19 impuso al mundo. En otras palabras, salvar los ecosistemas es una estrategia de salud pública altamente rentable. Además, está demostrado que la exposición a espacios verdes con biodiversidad mejora la salud mental y reduce el estrés, lo que ilustra el vínculo biofísico entre la vitalidad del ecosistema y el bienestar humano. En nuestro enfoque Happytalista, la salud no es solo la ausencia de enfermedad, sino la presencia de “ecofelicidad”: el enriquecimiento de nuestras mentes y cuerpos a través de un entorno natural próspero.
  • Agua Limpia y Saneamiento (ODS 6)Los bosques y humedales son las fábricas de agua de la Tierra. Alrededor del 75% del agua dulce accesible del mundo para la agricultura, la industria y los hogares proviene de cuencas forestales y ríos. Cuando talamos o degradamos los bosques, alteramos los patrones de lluvia, reducimos la calidad del agua y aumentamos las inundaciones y sequías aguas abajo. Los bosques sanos actúan como esponjas gigantes: filtran el agua, recargan los acuíferos y liberan humedad a la atmósfera. Del mismo modo, los humedales limpian los contaminantes y proporcionan almacenamiento de agua. La pérdida de estos ecosistemas socava directamente las metas del ODS 6 para el agua potable y el saneamiento. Por ejemplo, la deforestación en una cuenca hidrográfica a menudo conlleva suministros de agua turbios y contaminados para las ciudades y comunidades rurales, lo que obliga a costosas filtraciones o causa escasez de agua. Por otro lado, proteger y restaurar los bosques es una de las formas más efectivas de asegurar un suministro de agua limpio y constante. Cada dólar invertido en la protección de cuencas puede ahorrar muchos más dólares en infraestructura de tratamiento de agua. Un solo árbol maduro puede filtrar hasta 100 galones de agua por día, y los bosques intactos reducen en gran medida las cargas de sedimentos y patógenos en los arroyos. Al conservar la naturaleza, aseguramos el agua para todos. En términos prácticos, esto significa integrar las estrategias del ODS 15 y el ODS 6, por ejemplo, plantando árboles río arriba para garantizar ríos limpios río abajo, o conservando humedales para tratar las aguas residuales de forma natural. Estas soluciones basadas en la naturaleza crean un ciclo virtuoso: las personas obtienen agua limpia y la biodiversidad florece junto a los asentamientos humanos.
  • Acción por el Clima (ODS 13) – A menudo se dice que el cambio climático y la pérdida de biodiversidad son dos caras de la misma moneda: no podemos resolver uno sin el otro. Los bosques, las turberas y otros ecosistemas son enormes sumideros de carbono; absorben y almacenan dióxido de carbono, ayudando a estabilizar el clima. Cuando destruimos estos ecosistemas, liberan carbono y exacerban el calentamiento global. De hecho, la deforestación y el cambio de uso de la tierra contribuyen aproximadamente al 10% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero, lo que convierte la pérdida de bosques en uno de los principales motores del cambio climático. Por el contrario, proteger y expandir los bosques es una de las soluciones climáticas más poderosas disponibles en la actualidad. Por ejemplo, detener la deforestación tropical y permitir que los bosques vuelvan a crecer podría reducir las emisiones globales de carbono en varios gigatones por año. Los ecosistemas con biodiversidad también construyen resiliencia climática: los manglares y los bosques protegen a las comunidades de tormentas e inundaciones, mientras que los diversos grupos genéticos permiten que los cultivos y la vida silvestre se adapten a las condiciones cambiantes. Si fallamos en el ODS 15, probablemente fallaremos en el ODS 13, un punto subrayado por las evaluaciones de riesgo del Foro Económico Mundial que clasifican la “pérdida de biodiversidad y el colapso de los ecosistemas” entre los principales riesgos a largo plazo para nuestro planeta, junto con el clima extremo y el fracaso climático. El enfoque Happytalista exige tratar el clima y la naturaleza como un desafío integrado: proteger la integridad de la biosfera de la Madre Tierra es tan urgente como frenar las emisiones. Imaginamos el “Equilibrio Climático y Bienestar Planetario” (nuestra reformulación del ODS 13) y la “Armonía entre Especies” (ODS 15) avanzando de la mano: plantando billones de árboles, restaurando humedales ricos en carbono y salvaguardando los bosques primarios restantes, todo mientras invertimos en energía limpia. Al hacerlo, no solo evitamos la catástrofe climática, sino que también aseguramos un mundo biológicamente más rico y hermoso para las generaciones futuras.

Estos son solo algunos ejemplos. En realidad, cada ODS está entrelazado con el destino de la naturaleza y, a su vez, lograr el ODS 15 hace que muchos otros objetivos sean más alcanzables. Los ecosistemas estables y diversos sustentan sociedades estables: apoyan los medios de vida (ODS 8), reducen las desigualdades al sostener a los pobres rurales (ODS 10), mejoran las ciudades sostenibles a través de espacios verdes (ODS 11) e incluso pueden ayudar a prevenir conflictos por los recursos, contribuyendo así a la paz e instituciones sólidas (ODS 16). Al comprender estas interdependencias, la World Happiness Foundation aboga por un enfoque de sistemas: debemos abordar las necesidades humanas, económicas y ambientales juntas. Al esforzarnos por todos los objetivos al unísono –acabar con la pobreza y el hambre (lo cual es imposible sin suelos sanos y polinizadores), mejorar la salud (imposible sin aire limpio, agua y la regulación de enfermedades por parte de la naturaleza), etc.– creamos las condiciones para que las personas y el planeta florezcan como uno solo. En resumen, el ODS 15 no se puede lograr en el vacío; es tanto dependiente como instrumental para el progreso en toda la Agenda 2030. La naturaleza es el hilo que teje el tapiz del desarrollo sostenible y la felicidad humana. Al darse cuenta de esto, más líderes e instituciones se hacen eco de que “los ODS dependen de la naturaleza” como pilar fundamental. Nuestra misión es amplificar este mensaje: proteger la vida terrestre no es un lujo, es esencial para lograr el mundo que queremos.

De la Explotación a la Abundancia: Repensar Nuestra Relación con la Naturaleza

Lograr verdaderamente el ODS 15 requerirá más que simplemente designar nuevas áreas protegidas o redactar mejores leyes de vida silvestre: requiere un profundo cambio de mentalidad en cómo la humanidad ve y valora la naturaleza. Debemos ir más allá de la vieja mentalidad impulsada por la escasez que trata a la naturaleza como una mercancía para ser consumida, disputada o sacrificada en nombre del progreso. Durante siglos, el desarrollo económico se persiguió con un paradigma de explotación y dominación sobre la naturaleza: los bosques se veían como madera para talar, la vida silvestre como recursos para cosechar, la tierra como un lienzo vacío para uso humano. Esta mentalidad asumía un compromiso inherente: que la prosperidad humana debe producirse a costa de la salud ecológica, como si viviéramos en un mundo de suma cero donde o bien las personas prosperan o la naturaleza lo hace. Tal filosofía ha demostrado ser miope y contraproducente. Ha alimentado el miedo, la competencia y un enfoque de “toma lo que puedas antes de que se acabe” que, de hecho, condujo al agotamiento de la naturaleza en todo el mundo. En este paradigma de escasez, la conservación a menudo se sentía como una batalla perdida contra las fuerzas económicas, y muchos responsables políticos enmarcaban la protección ambiental como un obstáculo costoso para el crecimiento.

Happytalism cambia esta narrativa. Nos invita a reemplazar el miedo por la confianza, la codicia por la gratitud y la miopía por la custodia. Reconocemos que el florecimiento de una comunidad no tiene por qué producirse a expensas de otra y, fundamentalmente, que el florecimiento humano no tiene por qué producirse a expensas de otras especies o de las generaciones futuras. En una mentalidad de abundancia, partimos de la premisa de que la Tierra tiene suficiente para las necesidades de todos, aunque no para la codicia de todos. En lugar de ver la naturaleza como un pastel de recursos limitados para ser divididos, la vemos como un regalo que debe nutrirse para que pueda seguir dando generosamente. La verdad es que nuestro planeta sigue siendo rico en potencial de renovación: los bosques pueden volver a crecer, la vida silvestre puede repuntar, los paisajes degradados pueden restaurarse al Edén, si elegimos colaborar en la curación. Gallardo y otros señalan que con la tecnología y el conocimiento actuales, la humanidad posee realmente los medios para satisfacer las necesidades básicas de todos y, simultáneamente, proteger el planeta, marcando el comienzo de una era de abundancia compartida. El factor limitante no es la abundancia de la biosfera, sino nuestra propia conciencia y voluntad. Happytalism insta a un cambio de conciencia: a ver que no tenemos que pelearnos por los regalos de la naturaleza; podemos regenerarlos y compartirlos.

En términos prácticos, un enfoque de abundancia para el ODS 15 significa invertir en soluciones cooperativas a largo plazo por encima de la explotación a corto plazo. Nos pide que percibamos la conservación no como un costo, sino como una inversión de sentido común en nuestro futuro colectivo, una inversión que rinde dividendos tremendos. Por ejemplo, preservar un bosque de manglar puede parecer que “bloquea” tierras que podrían haber sido desarrolladas comercialmente, pero ese manglar genera protección contra inundaciones, apoyo a las pesquerías, secuestro de carbono e ingresos por ecoturismo que valen mucho más que su valor maderero. Los estudios muestran repetidamente que los beneficios económicos de la conservación (medidos en servicios ecosistémicos y prevención de desastres) superan con creces las ganancias de la extracción destructiva. Un informe histórico estimó que proteger el 30% del planeta podría generar $250.000 millones de dólares en producción económica anualmente y evitar más de $500.000 millones de dólares en daños climáticos y de biodiversidad por año. Estas son las economías de abundancia: reconocer que las estrategias “positivas para la naturaleza” crean más valor del que cuestan, especialmente cuando se tiene en cuenta el bienestar humano. Como señala el Foro Económico Mundial, la transición de las industrias hacia vías respetuosas con la naturaleza (agricultura, silvicultura y pesca sostenibles) podría desbloquear billones de dólares en nuevas oportunidades de negocio y millones de empleos. En resumen, cuidar de la naturaleza no es caridad: es interés propio ilustrado y economía inteligente a largo plazo.

Una mentalidad de abundancia también transforma la forma en que abordamos los compromisos y la innovación. En lugar de preguntar “¿cuánto crecimiento económico debemos sacrificar para salvar especies?”, preguntamos “¿cómo puede la innovación permitirnos crecer sin destrucción, o incluso mejor, crecer sanando la naturaleza?”. Esto conduce a soluciones emocionantes: bioeconomías donde los recursos son renovables y los desechos se reutilizan, empleos basados en la naturaleza en reforestación y agricultura regenerativa, infraestructura verde que restaura ecosistemas (como la restauración de arrecifes de coral para proteger las costas) y tecnologías que reducen la huella terrestre (como la carne cultivada que disminuye la necesidad de pastos). Ya vemos destellos de este futuro: países que pagan a los ciudadanos por plantar árboles y restaurar tierras, corporaciones que se comprometen con cadenas de suministro libres de deforestación y el auge de conceptos como la “economía circular” y la “economía del dónut” que buscan mantener la actividad humana dentro de los límites ecológicos. Happytalism aplaude y amplifica estas ideas, reformulando la búsqueda del ODS 15 como una oportunidad para construir un mejor tipo de prosperidad. Por ejemplo, en lugar de centrarnos en el número de concesiones madereras recortadas, nos centramos en los nuevos medios de vida creados a través de programas de custodia forestal. En lugar de lamentar el cierre de una mina contaminante, destacamos el crecimiento del ecoturismo sostenible y la preservación del patrimonio natural que puede enriquecer a las comunidades durante generaciones.

Fundamentalmente, pasar de la explotación a la abundancia también significa compartir el conocimiento y la responsabilidad a nivel global. Al igual que en la salud global, donde la amenaza de enfermedad en un país es una amenaza para todos, en la conservación las acciones (o inacciones) de una nación afectan a todo el planeta. Hoy en día disponemos de suficiente conocimiento científico e indígena acumulado para resolver la mayoría de los desafíos de conservación, desde cómo criar especies en peligro hasta cómo restaurar la fertilidad del suelo y repoblar áreas. El paradigma de la abundancia fomenta la colaboración abierta: países, científicos, líderes indígenas y empresas comparten mejores prácticas y tecnologías (como cultivos resistentes a la sequía o drones contra la caza furtiva) en lugar de acapararlas. También significa que las naciones más ricas apoyen a las más pobres mediante financiación y desarrollo de capacidades, reconociendo que la biodiversidad es un bien común global. El costo de salvar la naturaleza –estimado en cientos de miles de millones por año– es una pequeña fracción del PIB mundial (menos del 1%) y es perfectamente asequible si lo priorizamos. Para ponerlo en perspectiva, como se señaló anteriormente, prevenir pandemias y preservar ecosistemas podría costar ~$20.000 millones de dólares anuales, menos del 5% de las pérdidas económicas de las pandemias cada año. Del mismo modo, cerrar la brecha global de financiación de la biodiversidad (aproximadamente $700.000 millones de dólares al año) es pequeño comparado con el gasto militar global o los subsidios a los combustibles fósiles. La mentalidad de abundancia dice: tenemos el dinero; tenemos el conocimiento; lo que necesitamos es el valor moral y la voluntad de usarlos para el bien común.

Al adoptar la abundancia y la cooperación, rechazamos la noción de que la conservación consiste en conformarse con menos. En cambio, se trata de hacer las cosas de manera diferente para crear más: más naturaleza, más bienestar, más seguridad. Cuando protegemos una selva tropical, creamos abundancia: permitimos que prosperen innumerables especies, generamos aire y agua limpios, mantenemos un clima estable e inspiramos asombro y felicidad humana. En una visión del mundo abundante, una Tierra próspera es una base para economías y sociedades prósperas, no una nota a pie de página. Pasamos de tratar a la naturaleza como un problema que hay que arreglar o un tesoro que hay que guardar celosamente, a celebrar la naturaleza como una socia con la que podemos cocrear un futuro próspero. Como escribe Gallardo, se trata de encender un movimiento global alegre para “restaurar la armonía” con la naturaleza, donde la humanidad no se vea a sí misma como rival de la naturaleza, sino como su sanadora y protectora. Este replanteamiento esperanzador energiza la acción: es más fácil movilizar a la gente en torno a una visión positiva de bosques abundantes y una coexistencia feliz que en torno a la fatalidad y el sacrificio. En resumen, repensar el ODS 15 a través de la abundancia Happytalista transforma nuestro enfoque de defensivo y reactivo (“detener la destrucción”) a proactivo y generativo (“hacer crecer un mundo rico en naturaleza”), y ese cambio de mentalidad puede ser el ingrediente que falta para lograr un verdadero giro ecológico.

Un Futuro Compartido: Florecer Juntos con Toda la Vida

En última instancia, la visión de la World Happiness Foundation para el ODS 15 es profundamente esperanzadora y éticamente sólida. Imaginamos un futuro de Paz Fundamental no solo entre los seres humanos, sino entre la humanidad y la naturaleza; un mundo donde todos los seres puedan vivir libres de miedo y sufrimiento. En nuestra filosofía, este estado de armonía es parte de lo que llamamos “Paz Fundamental – libertad, conciencia y felicidad” para toda vida sintiente. Un mundo de armonía entre especies es aquel en el que la sociedad humana es segura y próspera porque la red de la vida está intacta y es vibrante. En ese futuro, los bosques están vivos con los sonidos de pájaros e insectos, las especies extintas son virtualmente cero, los niños crecen sabiendo cómo se ven los tigres, elefantes y ranas en estado salvaje (no solo en los libros) y la belleza natural es accesible para enriquecer el alma de todos. La humanidad, en lugar de ser una fuerza de destrucción planetaria, se ha convertido en guardiana y jardinera de la Tierra, cultivando la abundancia para cada miembro de nuestra familia planetaria. Esto no es una fantasía utópica; es una meta práctica y necesaria. Ya tenemos ejemplos: países como Costa Rica que duplicaron su cobertura forestal mientras hacían crecer su economía, o comunidades que crearon “parques de paz” donde antiguas zonas de conflicto son ahora reservas de vida silvestre que generan turismo y buena voluntad. Ellos demuestran que la paz con la naturaleza es posible y rinde dividendos en paz humana y desarrollo.

Lograr este futuro compartido depende de la acción colectiva y la responsabilidad compartida en todos los niveles. Cada actor tiene un papel vital que desempeñar para dar vida a la visión del ODS 15:

  • Los gobiernos deben priorizar políticas ambientales sólidas, su cumplimiento y la planificación a largo plazo. Esto significa cerrar las lagunas que permiten la destrucción de los ecosistemas, poner fin a los subsidios perjudiciales (por ejemplo, subsidios que fomentan la deforestación o la sobrepesca) e implementar plenamente los acuerdos globales como el Marco Global de Biodiversidad. Las naciones deben integrar la contabilidad del capital natural en sus presupuestos, midiendo la riqueza no solo en el PIB sino en los bosques que se dejan en pie y los ríos que se mantienen limpios. También significa ampliar las áreas protegidas (terrestres y marinas) a al menos el 30% para 2030 y más allá, y lo que es más importante, gestionar todas las tierras y aguas de forma sostenible. Los responsables políticos deben recordar que proteger el capital natural es fundamental para el desarrollo sostenible y el alivio de la pobreza: la salud ambiental y la salud económica van de la mano.
  • Las empresas e industrias deben hacer la transición hacia prácticas positivas para la naturaleza. El sector privado puede ser una fuerza poderosa para la conservación si los incentivos se alinean. Hacemos un llamado a las empresas para que adopten cadenas de suministro con cero deforestación y cero extinción, asegurando que productos como el aceite de palma, la soja, la carne de vacuno, la madera y los minerales no se obtengan a costa de arrasar hábitats. Las empresas con visión de futuro ya se están comprometiendo con la agricultura regenerativa, la reforestación y las compensaciones de biodiversidad que verdaderamente resarcen cualquier impacto. Además, existen marcos crecientes para los Objetivos Basados en la Ciencia para la Naturaleza (similares a los objetivos climáticos) donde las empresas evalúan y reducen su huella de biodiversidad. Invertir en la naturaleza también puede significar apoyar la innovación: desde la biotecnología que reduce la dependencia de la cosecha silvestre (por ejemplo, carne cultivada en laboratorio o alternativas herbales) hasta modelos de ecoturismo que hacen que la vida silvestre valga más viva. Animamos al sector financiero a desbloquear capital para proyectos verdes y a tratar los riesgos relacionados con la naturaleza con la misma seriedad que los riesgos financieros o climáticos. Como ha señalado el Foro Económico Mundial, la pérdida de la naturaleza es un riesgo económico, y proteger los ecosistemas puede crear enormes oportunidades de mercado. Los líderes empresariales deben convertirse en defensores del Happytalism demostrando que las empresas rentables y la biodiversidad próspera son compatibles; de hecho, a largo plazo son inseparables.
  • La sociedad civil, las ONG y las comunidades deben seguir siendo la voz y las manos de la conservación sobre el terreno. Las comunidades locales suelen ser las que mejor conocen su tierra y tienen el mayor incentivo para gestionarla de forma sostenible. Apoyamos las iniciativas que empoderan a los pueblos indígenas y a las comunidades locales con una tenencia segura de la tierra y recursos para custodiar la naturaleza. Es revelador que, aunque los pueblos indígenas representan solo alrededor del 5% de la población mundial, protegen aproximadamente el 80% de la biodiversidad restante de la Tierra. Esta notable estadística subraya lo fundamental que es respetar los derechos y conocimientos indígenas como piedra angular para alcanzar el ODS 15. Sus prácticas tradicionales de vivir en equilibrio con la naturaleza ofrecen lecciones valiosas para todos nosotros. El mundo debe escuchar e invertir en estos guardianes de primera línea, desde las tribus amazónicas que luchan contra la tala ilegal hasta las organizaciones comunitarias de conservación en África que recuperan con éxito la vida silvestre. Las ONG de conservación y los jóvenes activistas también desempeñan un papel clave en la concienciación y en la exigencia de responsabilidades a gobiernos y corporaciones. El reciente aumento de los movimientos juveniles por el clima y la naturaleza demuestra que la próxima generación se apasiona por proteger su herencia planetaria. Desde la WHF nos solidarizamos con todos los “agitadores ecológicos”, los catalizadores conscientes que abogan por los bosques, la vida silvestre y un planeta habitable.
  • Cada uno de nosotros como individuos tiene también un papel, como consumidores, votantes, educadores y ciudadanos de la Tierra. Adoptar valores happytalistas en la vida diaria puede amplificar el ODS 15. Esto podría significar adoptar una dieta más basada en plantas (reduciendo la presión sobre la tierra y la vida silvestre), apoyar productos sostenibles, reducir los desechos y el sobreconsumo, y donar a causas de conservación. También significa reconectarse con la naturaleza personalmente: cuando las personas pasan tiempo en la naturaleza, llegan a amarla y protegerla. Animamos a todos a experimentar la alegría de plantar un árbol, cultivar un jardín con plantas nativas o simplemente caminar por el bosque; estos actos sencillos cultivan una mentalidad de abundancia y nos recuerdan que somos parte de la naturaleza, no algo ajeno a ella. Los individuos también pueden alzar la voz: votar por líderes con agendas verdes, educar a amigos y familiares sobre la biodiversidad y defender los espacios verdes locales o la protección de la vida silvestre en sus comunidades. Al final, el movimiento para salvar la vida terrestre necesita todas las manos y corazones. Todas las profesiones pueden contribuir: necesitamos abogados para redactar leyes de vida silvestre más sólidas, artistas para inspirar con la belleza de la naturaleza, ingenieros para diseñar infraestructuras ecológicas y periodistas para informar la verdad sobre el cambio ambiental. Así como el concepto de Felicidad Global Bruta de la WHF prevé “10.000 millones de personas libres, conscientes y felices para el 2050,” sabemos que esta felicidad solo es alcanzable si esos 10.000 millones de personas heredan un planeta próspero. Por lo tanto, trabajar por el ODS 15 es, en última instancia, trabajar por la felicidad humana en el sentido más profundo.

En conclusión, la World Happiness Foundation hace un llamado a la familia global para que adopte un enfoque compasivo y con mentalidad de abundancia hacia el ODS 15. Redefinamos el “progreso” como vivir en armonía con la naturaleza, tratando a todas las especies como socias en nuestro viaje compartido en lugar de recursos para nuestro uso. La vida terrestre no es solo un objetivo entre muchos: es el latido vivo del desarrollo sostenible y el florecimiento humano. Al invertir en los bosques, la vida silvestre y los ecosistemas saludables, estamos de hecho invirtiendo en un futuro más seguro y rico para la humanidad. Nuestra visión es tan ambiciosa como alcanzable: un mundo donde la prosperidad humana y la armonía entre especies crezcan juntas, donde cada año traiga más bosques erguidos, más especies rescatadas del abismo y más comunidades prosperando a través de su conexión con la naturaleza. En este mundo, un niño nacido en 2030 crecerá oyendo hablar no del último tigre o de la última selva tropical, sino de cómo la humanidad se unió para salvar y restaurar la asombrosa abundancia de la vida en la Tierra.

Ese futuro está a nuestro alcance, si así lo elegimos. Invitamos a cada nación, organización e individuo a unirse a nosotros para hacer realidad esta visión. Como enseña el Happytalism, la verdadera felicidad y la paz solo pueden alcanzarse cuando recordamos que no somos dueños de este planeta, sino familia entre familia, parientes de todos los seres vivos. Al defender la igualdad entre especies y cuidar de nuestro planeta como nuestro hogar, desbloqueamos el potencial para un bienestar y una alegría sin precedentes. Lo que está en juego no podría ser más importante, y las recompensas no podrían ser mayores. El futuro de la felicidad, para la humanidad y para toda la vida, depende de lo que hagamos ahora por el ODS 15. Juntos –en un espíritu de abundancia, amor y propósito compartido– podemos sanar nuestro mundo y dar paso a una era donde toda la vida florezca.Fuentes: Esta declaración se ha basado en los últimos hallazgos científicos y el liderazgo de pensamiento de las Naciones Unidas, el Foro Económico Mundial, WWF, IPBES, el Banco Mundial y otras instituciones líderes para proporcionar una perspectiva holística y basada en la evidencia. Los datos clave sobre el declive de la vida silvestre, el riesgo de extinción de especies, las tasas de deforestación y los servicios ecosistémicos provienen de informes de la ONU y WWF. Las clasificaciones de riesgo global y las evaluaciones de progreso de los ODS provienen de informes del WEF y de los ODS de la ONU. Las ideas sobre los beneficios económicos y de salud de proteger la naturaleza provienen de fuentes como WWF, WEF y estudios revisados por pares. El principio de interdependencia e igualdad entre especies se basa en el marco de Happytalism de la WHF y en los escritos de Luis Miguel Gallardo, alineados con los movimientos globales emergentes por los derechos de la naturaleza. El papel vital de los pueblos indígenas (que protegen ~80% de la biodiversidad) se destaca en las investigaciones del Banco Mundial y el WEF. Todas estas fuentes refuerzan una verdad única: el destino de la humanidad es inseparable del destino de la vida terrestre, y al adoptar un nuevo paradigma de abundancia y armonía, podemos lograr un mundo más feliz y sostenible para todos.

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