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Día Internacional de la Paz · 21 de septiembre

Invierte en paz — empieza dentro

Fundamental Peace: The Source Book y la arquitectura cotidiana de la paz

Algunos días conmemoran un ideal. Otros nos piden encarnarlo.

Por Luis Miguel GallardoPublicado · 21 de septiembre de 20268 min de lectura
Fundamental Peace: The Source Book — Luis Miguel Gallardo

Tema de Naciones Unidas 2026

Invierte en paz: para todas las personas, en todo lugar, cada día

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El 21 de septiembre el mundo celebra el Día Internacional de la Paz. El tema de Naciones Unidas para 2026 —«Invierte en paz: para todas las personas, en todo lugar, cada día»— difícilmente podría ser más urgente. Honra a las arquitectas y los arquitectos cotidianos de la paz: personas cuyas acciones locales crean confianza, restauran la dignidad y sientan en silencio las bases de un mundo menos violento. Naciones Unidas nos invita a dar cada día un pequeño paso por la paz.

Este es también el momento en que Fundamental Peace: The Source Book, del Prof. Luis Miguel Gallardo, llega al mundo.

Publicado por World Happiness Press para el Día Internacional de la Paz, el libro formula una pregunta que llega más abajo de los tratados, las instituciones y las declaraciones:

¿Qué clase de paz puede permanecer cuando las circunstancias se llevan todo lo demás?

Cuando el cielo se cierra

Gallardo sitúa el origen del libro en un viaje por las faldas del Himalaya en mayo de 2025.

La escalada de tensiones entre India y Pakistán había cerrado los aeropuertos del norte de India. Gallardo se preparaba para volar a Dharamsala, donde iba a reunirse con Su Santidad el Dalai Lama. Con el cielo cerrado en los dos extremos del viaje, fue por carretera.

La paz suele tomar la ruta más lenta. Viaja cerca del suelo, a través de vidas ordinarias, conversaciones pacientes y actos de compasión que quizá nunca sean noticia.

Cuando Gallardo por fin se encontró con el Dalai Lama, halló a alguien que había vivido la ocupación, el desplazamiento y décadas de exilio sin rendirse a la amargura. Ese encuentro afinó la pregunta central del libro: si la paz depende por completo de circunstancias favorables, ¿qué ocurre cuando esas circunstancias desaparecen?

Fundamental Peace es su respuesta. La paz, en este relato, no exige una vida sin dolor. Es la capacidad de encontrarse plenamente con el dolor y transformar su energía en compasión, comprensión y acción con propósito. No es retirarse del mundo. Es el suelo interior desde el cual podemos responder al mundo sin reproducir su miedo.

El suelo bajo las otras paces

Los estudios de paz han distinguido tradicionalmente dos dimensiones esenciales. La paz negativa es la ausencia de violencia directa: el alto el fuego, el silencio de las armas, el fin del daño inmediato. La paz positiva es la presencia de justicia: las condiciones sociales, políticas y económicas que permiten vivir con dignidad.

Ambas siguen siendo indispensables. Pero Fundamental Peace propone una tercera dimensión: la capacidad interior necesaria para sostenerlas.

Los acuerdos los escriben seres humanos. Las instituciones las dirigen seres humanos. Aulas, gobiernos, empresas y comunidades heredan los miedos, las identidades y las heridas no resueltas de las personas que las habitan.

Cuando esos sistemas internos siguen dominados por la amenaza, la humillación o ideas rígidas de «nosotros» y «ellos», incluso una paz cuidadosamente construida se vuelve frágil. Cuando las personas desarrollan mayor coherencia emocional, conciencia compasiva y libertad frente a la identidad rígida, las condiciones para el diálogo y la reparación se fortalecen.

Fundamental Peace no sustituye a la justicia, la diplomacia o las instituciones responsables. La calma interior por sí sola no desmantela estructuras opresivas ni termina una guerra. Pero una paz estructural sin personas capaces de sostenerla es igualmente incompleta. Las dimensiones interior y exterior pertenecen a la misma arquitectura.

La guerra cierra el cielo; la paz va por tierra.

De una idea hermosa a una capacidad humana

Una de las aportaciones más importantes del libro es su insistencia en que la paz no debe quedarse en una aspiración inspiradora pero indefinida. Una revisión integradora con revisión por pares de 2026, de Luis Miguel Gallardo y Saamdu Chetri, describe la Paz Fundamental como un estado neuroexperiencial dinámico compuesto por cuatro capacidades:

  • Control atencional flexible

    la capacidad de dirigir, sostener y liberar la atención sin quedar capturada continuamente por el miedo o la rumiación.

  • Coherencia emocional

    la capacidad de vivir las emociones como información significativa sin fragmentarse ni quedar desbordado por ellas.

  • Menor rigidez autorreferencial

    la capacidad de sostener con más ligereza nuestras identidades personales y colectivas, para que el yo sea una ventana y no un muro.

  • Autoconciencia compasiva

    la capacidad de encontrarse con la propia experiencia con honestidad y amabilidad en lugar de castigo.

Estas capacidades no eliminan el desacuerdo. Cambian la calidad de la persona que entra en el desacuerdo.

El libro presenta también el FP20, una escala de autoinforme de veinte ítems diseñada para apoyar la reflexión en estas cuatro dimensiones. No se presenta como instrumento clínico ni diagnóstico. Ofrece una forma de conectar la idea de paz con la observación y la práctica: notar dónde la paz ya está presente y dónde pide atención.

Todas las personas

La palabra todas cambia la escala de la paz.

La paz no puede seguir siendo territorio de especialistas: diplomáticos, negociadores o instituciones internacionales. Su trabajo es esencial, pero la cultura que los rodea se forma mucho antes: en las casas, las escuelas, los lugares de trabajo y las comunidades.

En uno de los recuerdos más conmovedores del libro, Gallardo evoca a Vligna, una mujer de 85 años que conoció cuando era observador internacional en la Bosnia y Herzegovina de posguerra. Había perdido a sus hijos, su casa e incluso sus animales. Y sin embargo, a las cuatro de la mañana ya esperaba fuera de una escuela que sería colegio electoral. Esperaba para votar porque aún llevaba esperanza: la de vivir en paz y volver a ser feliz.

Vligna no estaba en una mesa de negociación. Realizaba un acto cívico ordinario. Y en ese momento encarnaba exactamente lo que Naciones Unidas llama una arquitecta cotidiana de la paz. La paz vive allí donde alguien se niega a pasar el sufrimiento hacia adelante.

En todo lugar

Si la paz empieza dentro, no puede quedarse ahí.

Debe entrar en el hogar como práctica de reparación confiable. Debe entrar en la educación como alfabetización emocional, cooperación y capacidad de discrepar sin deshumanizar. Debe entrar en las organizaciones como seguridad psicológica, dignidad y propósito compartido.

Debe entrar en las ciudades como pertenencia. Debe entrar en la economía como preocupación honesta por el florecimiento humano. Y debe entrar en las relaciones internacionales como capacidad de encontrarse con la diferencia sin convertir la identidad en arma.

La campaña de Naciones Unidas de 2026 nos recuerda que la paz se forma en las aulas, los barrios y todo lugar donde las personas se encuentran con mente y corazón abiertos. Sus acciones sugeridas son deliberadamente prácticas: dar tiempo, usar tu voz, convocar un Círculo de Paz o compartir una historia de esperanza. Solo parecen actos pequeños si no entendemos cómo se construye la cultura. Toda cultura es el resultado acumulado de lo que las personas practican repetidamente.

Cada día

Una conmemoración internacional da a la humanidad una fecha compartida: un punto del calendario que no pertenece a ninguna nación, religión o ideología. Nos permite formar un «nosotros» inclusivo sin inventar un «ellos».

Pero un día se vuelve transformador solo cuando cambia lo que ocurre en todos los días que le siguen.

La paz no es una función reservada al 21 de septiembre. Es una disciplina diaria de atención, regulación, compasión y reparación. Es la pausa antes de reaccionar. La disposición a escuchar antes de juzgar. El coraje de interrumpir el lenguaje humillante. La decisión de reparar una relación en lugar de proteger el orgullo.

Es también el trabajo paciente de cambiar las condiciones que generan sufrimiento: desigualdad, exclusión, discriminación, violencia y negación de la dignidad humana. Invertir en paz cada día es invertir a la vez en personas y sistemas: en el sistema nervioso y el sistema social, en la mesa de la cocina y en el parlamento, en el aula y en la asamblea internacional.

Una invitación para el Día de la Paz

¿Dónde está pidiendo la paz construirse a través de mí?

Quizá pide cinco minutos de silencio en los que dejes de pelear con tu propia experiencia.

Quizá pide una conversación que has postergado, una disculpa que necesitas ofrecer o un límite que necesitas poner sin odio.

Quizá pide que ayudes a otra persona, acojas un círculo, cuestiones una injusticia o uses tu plataforma para contar una historia que devuelva la esperanza.

Puedes explorar Fundamental Peace: The Source Book, reflexionar sobre sus cuatro capacidades y hacer el FP20. Después elige una inversión tangible en paz. No toda la humanidad de golpe. Una persona. Una relación. Una comunidad. Un acto.

El Día Internacional de la Paz nos da un momento compartido. Fundamental Peace nos ofrece una ruta por tierra: del dolor a la compasión, de la coherencia interior a la responsabilidad colectiva, y de la paz que imaginamos a la paz que practicamos.

Cuando suficientes personas tomemos esa ruta, la paz deja de ser un destino lejano. Se convierte en la forma en que viajamos.

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Invierte en paz, cada día

Empieza dentro y elige hoy un acto de paz.