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Facilitadores del regreso
Vida entre vidas, Paz Fundamental y la Segunda Edad Axial: reflexiones para la Conferencia Mundial del MNI 2026.
15 de agosto de 2026·Luis Miguel Gallardo·10 min de lectura
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Vida entre vidas, Paz Fundamental y la Segunda Edad Axial: reflexiones para la Conferencia Mundial del MNI 2026.
Por Luis Miguel Gallardo, facilitador de Life Between Lives® del Michael Newton Institute; fundador y presidente de la World Happiness Foundation.
De vez en cuando llega un libro que no te cuenta algo nuevo, sino que te dice con súbita claridad lo que llevabas haciendo desde siempre. El Dr. Ken Lakritz ha regalado a quienes asisten a nuestra Conferencia Mundial de 2026 un libro así. An Old, New Story of Psychology, cuarenta años en gestación, es su summa: un relato continuo de dónde viene la psique, hacia dónde va y cómo ayudarla a llegar. Al leerlo preparando su conferencia magistral volvía una y otra vez a la sensación que prometió T. S. Eliot: llegar al lugar de partida y reconocerlo por primera vez. Esta es una carta sobre ese reconocimiento: sobre lo que hacemos realmente cuando facilitamos en el Michael Newton Institute, y por qué creo que ese trabajo pertenece al centro del gran giro que vive nuestra época.
Una historia antigua y nueva: por qué se lee como el mapa de nuestra práctica
La tesis de Lakritz cabe en una imagen. Los cabalistas dibujaron dos movimientos en el Árbol de la Vida: un camino descendente, el relámpago por el que la unidad se diferencia en una vida individual y encarnada, y un camino ascendente, la serpiente que asciende reintegrando conscientemente todo lo que quedó separado en la bajada. Neumann llamó a esto las dos mitades del viaje consciente; Jung llamó individuación a la segunda; los alquimistas llamaron al conjunto solve et coagula. La aportación de Lakritz es insistir en que no son metáforas que adornan el trabajo clínico, sino su mapa maestro, y en que la psicología ha pasado un siglo enseñando solo la primera mitad, la construcción del yo, descuidando la segunda: el regreso.
Después hace algo que debería importarnos enormemente. Lee la historia de la psicología profunda como un recorrido inverso del camino de regreso: Freud sondeó el inconsciente personal, Jung abrió la capa colectiva que hay debajo, Grof cartografió la dimensión transpersonal más allá de una sola vida, y Michael Newton, a través de miles de regresiones hipnóticas profundas, alcanzó el estrato más honda: la dimensión de la vida entre vidas. En su relato, la obra de nuestro fundador no es una anomalía en el margen del campo: es el sondeo más lejano de su propia trayectoria, el lugar al que la disciplina se dirigía desde el principio. Mantiene la ontología abierta, como corresponde a un clínico prudente, y reporta lo que quienes trabajamos en esto vemos constantemente: cualquiera que sea la naturaleza última de estos viajes, sus frutos son consistentes, duraderos y clínicamente reales. El miedo a la muerte pierde su garra. Las dificultades de la vida presente se reorganizan como currículo: elegidas, significativas, transitables.
Lo que hacemos de verdad: el oficio de facilitar
Merece la pena decir con claridad en qué consiste nuestro trabajo como facilitadores, porque desde fuera puede parecer exótico y desde dentro es un oficio tan disciplinado como cualquiera de las profesiones de ayuda.
Empezamos donde empieza el protocolo clínico de Lakritz: por el vaso. No todo el mundo está listo para un viaje que ablanda los límites de la identidad ordinaria, y parte de nuestra formación es exactamente el discernimiento que su libro formaliza: distinguir un yo sólido que busca integración de uno frágil que busca huida, distinguir emergencia de emergencia médica, honrar la secuencia que nombra de forma memorable: vaso, contenidos, eje. Luego llega la sesión larga, tres o cuatro horas de atención ininterrumpida: la profundización, los corredores de la infancia y el útero, el paso por una muerte anterior y el umbral que hay más allá: la luz, los guías, el grupo de almas, el consejo cuya revisión no es juicio sino compasión indagadora. Y después, no menos importante, el viaje de vuelta: la lenta coagulación de lo tocado en cuerpo, vínculos y conducta cotidiana, sin la cual incluso la sesión más luminosa se evapora.
Por todo ello atraviesa la ética que Lakritz enuncia en una frase que grabaría sobre la puerta de cada aula: las terapias no locales se transmiten, no se administran. No podemos acompañar a nadie más lejos de donde hemos llegado nosotros. Nuestra credencial no es el certificado: es el estado de nuestro propio trabajo interior, nuestra firmeza en la oscuridad, la solidez de nuestro vaso cuando hay que sostener el fuego de otra persona. Por eso nuestra comunidad se reúne, por eso nos sentamos en consejo, por eso la conferencia abre cada día no con una charla sino con una meditación. El instrumento de esta profesión es quien la ejerce. Es la misma convicción que sostiene cada formación de la World Happiness Academy.
Nombrar lo que tocan nuestros clientes: la Paz Fundamental
Llevo años intentando dar un nombre riguroso a lo que las personas contactan al otro lado de ese umbral, porque no es exactamente dicha, ni anestesia, ni la mera ausencia de malestar. En mi investigación lo he llamado Paz Fundamental: un estado fundacional de conciencia, con componentes neurobiológicos identificables, que persiste debajo y dentro de la experiencia en lugar de depender de las circunstancias. Hemos empezado a validarlo empíricamente, a medirlo, a estudiar cómo lo estabilizan la práctica contemplativa e hipnótica: es el trabajo que hoy sostiene la Cátedra de Ciencias Contemplativas. Y lo que me sorprende al leer a Lakritz es que la Paz Fundamental y su "campo unitario de realidad" son dos vocabularios para un mismo territorio. Cuando alguien vuelve de una sesión de vida entre vidas con el terror a la muerte disuelto, no ha adquirido una creencia: ha recordado un suelo.
Mi formulación siempre ha sido que la Paz Fundamental no es la ausencia de dolor, sino la transmutación de su energía en amor y compasión, y aquí el Isaac Luria tan querido por Lakritz completa la idea. Luria enseñó que la creación se rompió, que hay chispas de luz santa atrapadas en los lugares quebrados y que la tarea humana —tikkun— es devolverlas a casa, una chispa liberada a la vez. Cada sesión que facilitamos es tikkun en miniatura: un descenso a los lugares quebrados de una biografía y más allá, y la elevación a luz consciente de lo que allí estaba atrapado. La silla del facilitador, así entendida, no es el puesto de mando de una técnica: es una estación de reparación.
La alquimia que llevamos en el bolsillo
La convergencia más honda es arquitectónica. Mi Modelo Transpersonal Integral se apoya en tres pilares: la individuación jungiana, la gramática Sombra–Don–Esencia de la transmutación y la evolución de la conciencia. El libro de Lakritz está construido, capítulo a capítulo, sobre esa misma tríada: la individuación como camino vivido, la alquimia como manual de operación y la Segunda Edad Axial como contexto evolutivo. Cuando líneas de trabajo independientes convergen así, desde linajes y décadas distintas, lo tomo como él toma la convergencia de los místicos: como prueba de que todos estamos trazando un mismo territorio. Quien quiera el arco largo de este argumento lo encontrará reunido en nuestra guía sobre conciencia y trabajo interior.
La herida más profunda y la mediana edad del mundo
Y entonces el libro se ensancha, como debe ensancharse nuestro trabajo. La afirmación más audaz de Lakritz es que lo que la mediana edad es al individuo, este momento histórico lo es a la humanidad entera: el largo descenso colectivo —diferenciación, separación, el yo moderno soberano con su cosmos convertido en máquina muerta— ha tocado fondo, y la civilización misma está en el giro de los arcos, con toda la turbulencia que un giro implica.
En mi cartografía del sufrimiento del mundo he nombrado seis heridas arquetípicas —Represión, Negación, Vergüenza, Rechazo, Culpa y, la más honda de todas, Separación—, cada una con su virtud sanadora, y la virtud de la Separación es el Cuidado, es el Amor. El diagnóstico de la modernidad que hace Lakritz es, en mi lenguaje, la Sexta Herida a escala planetaria: seres humanos más desconectados del fundamento del ser que nunca, y una civilización cuyas instituciones codifican ese corte. La Segunda Edad Axial es, entonces, nada menos que la sanación colectiva de la Separación: re-ligar, que es lo que significaba originalmente la palabra religión, emprendido esta vez de forma consciente.
Por eso he defendido, en la World Happiness Foundation y en el proceso Beyond GDP de Naciones Unidas, que nuestra época necesita dos mapas y no uno: una brújula hacia el florecimiento y un mapa en sombra del sufrimiento. El Mapa Global del Dolor y el Trauma lee la angustia del mundo en siete dominios no como ruido a gestionar, sino como el nigredo colectivo, el ennegrecimiento que precede a toda transmutación; y el Índice de Paz Fundamental es simplemente su inversión: lo que queda, y lo que se eleva, cuando el dolor es atendido y transmutado. El Happytalismo, el paradigma que llevo años articulando, es a esta luz la economía política del arco ascendente: reconocer que una civilización que se mide solo por acumulación es un directivo en mediana edad insistiendo en el programa de la mañana mucho después del mediodía, y que la pregunta de la tarde —¿para qué es todo esto?— ya ha entrado en la casa de la humanidad y no se irá. Nuestra misión de diez mil millones de seres humanos libres, conscientes y felices en 2050 no es un adorno utópico: es un compromiso Segundo-Axial formulado como política pública.
Hace falta una aldea, y la aldea habla muchas lenguas
El programa de nuestra conferencia encarna el libro más literalmente de lo que quizá sospecharon quienes lo diseñaron. Lakritz escribe en su prefacio que espera que quienes practican el paradigma emergente y quienes practican los establecidos integren su trabajo en una aldea colaborativa, y el Segmento 2 convoca exactamente esa aldea, con Ken junto a Rajashree Maa, cuyo Kali-Ki Reiki aparece en el repaso del libro sobre sanación energética, y con la Dra. Diana Paque, Laurie Goldman y Brooke Oxtal mostrándonos cómo se ven y se sienten las relaciones terapéuticas colaborativas desde ambos lados de la silla. El Segmento 4 entrega el futuro a Pete Smith, cuyo trabajo de Conciencia Cuántica pertenece a la quinta familia del libro, y al camino hacia 2027. Ninguna modalidad sola restaura el eje completo. El campo físico necesita sus estabilizadores; el campo arquetípico, sus trabajadores de la profundidad y regresionistas; el campo unitario, sus contemplativos y facilitadores. La destreza de nuestra época es ajustar el instrumento al campo, y su humildad es saber que sostenemos un instrumento entre muchos. Lo que llamo desde hace años ecosistemas de felicidad —ciudades, escuelas, empresas, hospitales diseñados como entornos de florecimiento— es este mismo principio de aldea a escala de civilización.
Y la aldea debe hablar muchas lenguas. El Segmento 3, Un legado sin fronteras, es para mí la hora más personal de la conferencia. El alma, como aprende todo facilitador, es multilingüe, pero la sanación ocurre en la lengua materna. Al ver a Lia López y a nuestras facilitadoras y socios de habla hispana llevar el legado de Michael desde Argentina por todo el mundo latino, veo tikkun operando en el nivel mismo del idioma: chispas que solo podían recogerse en español, siendo recogidas. Como facilitador que trabaja desde España y construye puentes bilingües en todo lo que hago, tomo el Segmento 3 no como un informe sino como una tarea. La Segunda Edad Axial no se desplegará solo en inglés, y los dos arcos se dibujan en todos los alfabetos.
Hacia San Damián
Cerraremos esta conferencia ya girados hacia la siguiente: 2027, en San Damián. El nombre es en sí una enseñanza. Fue en la capilla en ruinas de San Damián donde Francisco de Asís escuchó la instrucción que cambió su vida —reconstruye mi casa, que se cae en ruinas— y comprendió, mucho después, que la casa no era de piedras. Cada facilitador de este Instituto ha recibido alguna versión de esa instrucción. La casa es la psique; la casa es el mundo; la reconstrucción se hace de una chispa liberada a la vez, una sesión a la vez, una persona regresando a un suelo que en realidad nunca se perdió.
Ken Lakritz cierra su manuscrito con una carta a la próxima generación de clínicos, y su consejo final merece viajar con todos nosotros: "Cuida la sala. Atiende el fuego. Responde a los sueños." Eso es nuestro trabajo como facilitadores, dicho en nueve palabras. Cuidamos salas donde el regreso puede ocurrir. Atendemos fuegos que no encendimos ni poseemos. Y respondemos —con nuestra formación, nuestra presencia y nuestro interminable trabajo interior— a los sueños de una humanidad que, por fin, empieza a recordar el camino a casa.
El descenso construyó el instrumento. El regreso lo toca. Y la Paz Fundamental, como he escrito en otros lugares, no es la ausencia de dolor: es la transmutación de su energía en amor y compasión. Que nuestra conferencia sea un ensayo exacto de eso.
Luis Miguel Gallardo es fundador y presidente de la World Happiness Foundation, facilitador certificado de Life Between Lives® del Michael Newton Institute, co-CEO del Institute of Interpersonal Hypnotherapy y autor de la Trilogía Transpersonal y de Happytalism. Escribe desde Murcia, España.
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